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Domingo 13 de mayo de 1917, una hermosa señora se aparece a tres niños diciéndoles: “No tengan miedo, no les haré daño”. La mayor, Lucía, sigue el diálogo: ¿De dónde es usted?, la mujer responde: “Soy del cielo”; ¿Y qué es lo que usted me quiere?, ella añade: “Vine a pedirles que vengan aquí seis meses seguidos, el día 13 a esta misma hora…”. La conversación continuó un poco más y al final ella les dijo: “recen el rosario todos los días para alcanzar la paz y el fin de la guerra”.

Hoy, como hace 103 años en la Cova de Iría, Portugal, la Virgen María nos refrenda la misma invitación que allí les hizo a los pequeños en todas sus apariciones y es que la eficacia de la oración del Santo Rosario que tanto agrada a la Virgen María es un acto piadoso que provee muchos frutos espirituales.

Lo que estamos viviendo a nivel mundial con la pandemia de alguna manera se puede contrastar con lo que se vivía en aquel entonces. En Europa había estallado la Primera Guerra Mundial y muchos portugueses estaban prestando servicio con los países aliados, una situación que les tenía muy nerviosos: el miedo a ser invadidos, el no saber cuántas vidas se perderían y si tocaría a sus familias, la crisis económica que sigue a una guerra dejándoles en la incertidumbre y en la miseria y en donde se sabe que será muy difícil recuperar la prosperidad… ¿No les parece que estamos viviendo algo muy similar? esta nueva guerra no es con ametralladoras pero un virus nos está atacando por todos los frentes , los países del mundo estamos sitiados por el miedo a ser contagiados, a que nuestros seres queridos pierdan la vida, tenemos temor por la recesión económica que deviene a una crisis, por la pérdida de empleos, por las empresas que con tanto trabajo se levantaron y ahora cierran sus puertas, por la eventual falta de servicios sanitarios si no se logran frenar a tiempo los contagios, etc., hay mucha ansiedad, recelo, aprensión, desasosiego, se siente en el ambiente aunque estemos en aislamiento social; pero por otro lado también podemos ver que en medio de toda esta turbación florece la fe.

En Fátima tras la primera aparición se fueron suman - do muchísimas personas para rezar el rosario, Portugal no fue invadido y la guerra cesó. Hoy muchas personas hacen eco de la voz de María para invitarnos a poner nuestra confianza en quien es la mediadora de las Gracias que Dios nos concede; confiar en la madre de Jesús es confiar en Él, pues María es quién nos lleva por el camino más seguro hacia su Hijo.

Hace unas semanas los obispos de América pidieron a la Virgen de Guadalupe su protección maternal para el fin de la pandemia, realizando una consagración de nuestros países a su Inmaculado Corazón. ¿Creemos que puede suceder? Para quienes confiamos en sus promesas nos es posible, pues lo que se cree es que todo lo que sucede es para la mayor Gloria de Dios, no para que se haga nuestra voluntad, nadie sabe mejor que Ella cómo se pueden sacar frutos en medio de una crisis.

Este año la Virgen no es indiferente a nuestros sufrimientos, parece decirnos “Quédate en casa, yo voy” ¿Y cómo lo hace? Cuando tomamos el rosario Ella viene.

Nuestro arzobispo Gustavo Rodríguez no ha dejado pasar la ocasión para celebrar la memoria litúrgica de Nuestra Señora del Rosario de Fátima invitándonos a vivirlo desde nuestras familias y hogares unidos en oración para pedir su intercesión, compañía y consuelo para los enfermos de Covid-19, el descanso eterno a quienes han fallecido y fortaleza para sus familias y a todos nosotros que sepamos ser solidarios y generosos con nuestros hermanos especialmente los más pobres.

María nos vuelve a decir “Quédate en casa, yo voy” porque la Arquidiócesis en la persona de don Gustavo nos invita a vivir esta gracia especial con el rezo del Rosario y la Santa Misa a través de los medios de comunicación y las plataformas digitales hoy desde las 10 am.

En 1917 no había esta tecnología, hoy la tenemos y ello ha hecho más llevadero el confinamiento, aprovechemos estas oportunidades y no dejemos pasar un día tan especial para agradecer por los dones recibidos y para pedir por los demás.