16 de Diciembre de 2019

Opinion

¡Juntos por la salud!

El poder de la pluma

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Es notorio el alejamiento de los enfermos, cuando de relación médico-paciente se trata. Lo anterior ha sido motivado por entornos allende conocimiento y deseo de servicio. La vida actual pone en jaque la fragilidad humana, que cotidianamente estrangulamos con la mala alimentación, falta de ejercicio, estrés, pocas horas de sueño, consumo de drogas, tan solo por citar. El resultado de lo anterior es la búsqueda de culpables cuando la falta de autocuidado nos lleva al escenario fatal. Esperar a que nos curen es el camino fácil. Por todo esto y más, las distancias se acrecientan entre aquella otrora conexión, que casi siempre culminaba con la frase: ¡Con solo verlo doctor, me curo!

La razón de este alejamiento y falta de confianza tiene también otras aristas; por un lado, nuestro sistema de salud se ha visto achicado en infraestructura instalada, nosocomios con equipamiento obsoleto que recuerda películas de los años 80, con enmendaduras riesgosas para la atención del enfermo. Por otro lado, tenemos mayor demanda de enfermos que contrasta con la menguada oferta de especialistas en algunas áreas de la salud.

Los dos actores principales de este escenario doloroso tienen en parte razón, ya que por un lado el médico requiere de espacios físicos dignos, elementos de diagnóstico y medicamentos suficientes y específicos para devolver la salud de un paciente. Hemos alcanzado un mayor número de años por dos razones: gracias a la prevención (piedra angular de la salud) y a los avances tecno-médicos. Cualquier retroceso es estos rubros amenaza y deja indefenso al galeno, que tiene que enfrentarse a demandas sin poder esgrimir la carencia real en el interior de las instituciones.

En el otro extremo, los argumentos del enfermo son válidos, ya que busca oportunidad de recuperación de la salud. Ya no puede darse el lujo de estar enfermo mucho tiempo o de esperar hasta que le toque la cita con un especialista; como están las cosas, el enfermarse lo toma como una agresión el empleador y el paciente corre el riesgo de que se le investigue y en la primera oportunidad lo corran de su fuente de ingresos.

Ambos fenómenos llevan a la saturación, desgaste, impotencia, largas esperas y, de forma indivisible, al abandono transitorio con impacto “gasto bolsillo” de la atención institucional para acudir a las instancias privadas, que, dicho sea de paso, algunas, como las “tienditas de la esquina”, dejan mucho que desear.

En conclusión, es impostergable mejorar la atención de nuestra población, y para ello se requiere voluntad y dinero. No basta un papel y estrategias de mejora si no van concatenados con mayores recursos. Hacer más con menos no quiere decir exprimir o sacrificar al personal de salud. Eficiencia y eficacia en la administración solo se obtienen con experiencia, madurez e integridad. ¡Juntos por la salud!

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