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Este mes de mayo, como reumatólogo, quisiera apelar a la conciencia de la gente para sensibilizarse y conocer a fondo dos grandes problemas de salud en esta área de la medicina y de cuyos resultados en cuanto a estrategias establecidas hemos obtenido poca respuesta, sobre todo a nivel legislativo y del sector salud. Me refiero al lupus eritematoso sistémico, que tanto ruido hizo en la tribuna de la Cámara Baja de México el año 2015 y cuyos compromisos hasta la fecha son, con base en lo obtenido, letra muerta. Aprovecho también llamar la atención sobre la fibromialgia, aún poco entendida, y cuyo sobre diagnóstico no es ninguna novedad.

El pasado día 10 de mayo se conmemoró UN DÍA MÁS de la lucha mundial contra el lupus, enfermedad causada, hasta donde hoy se sabe, por factores genéticos, ambientales, infecciosos y hormonales, entre muchos. Sus consecuencias por diagnóstico y manejo inadecuado van desde lesiones permanentes de algún órgano como riñón, corazón, cerebro, piel, pulmones, articulaciones, ojos, sistema nervioso, hasta la muerte. Es un gran reto, a pesar de avances y tecnología, para el más avezado reumatólogo.

En el mismo orden de ideas, dos días después conmemoramos (12 de mayo) el día internacional de la fibromialgia; si, me refiero a este problema del que todos hablan, pocos conocen y se ha estigmatizado, debido a los mitos y eventos circunstanciales que la rodean. Dolores generalizados de tipo crónico, trastornos del sueño, fatigabilidad, problemas de memoria y variaciones en el estado anímico entorpecen el cotidiano actuar de la mujer entre los 30 y los 50 años, volviéndose en una de las principales causas de atención en los hospitales de segundo nivel con la especialidad que corresponde.

Si bien el hecho de que se tomen en cuenta y existan fechas que sirvan para concientizar sobre su presencia a través de actividades de difusión para la población general, definitivamente es tan sólo una minucia para lo que en realidad falta por hacer. Debemos ir más allá de la foto del día haciendo eventos, que, sin lugar a dudas, evidencian desesperadamente la necesidad de ser reconocidas como enfermedades catastróficas. Las cerca de 200 patologías reumáticas son un problema de salud, a pesar de que no griten, hagan plantones, megamarchas, ni tengan representantes a nivel central y/o nacional. Existen y cuestan mucho en vidas, funciones y dinero para la sociedad e instituciones.

Ya basta de hacer oídos sordos al clamor de las mujeres en edad productiva y reproductiva, cabezas de familia, que exigen que instituciones educativas, instancias de salud y medios de comunicación hagan la tarea de forma integral, para que sea eficaz el conocimiento, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades reumáticas. No queremos que sea un día más, donde aparezcan fotos de eventos con políticos que ansían sus “cinco minutos de gloria”. Basta, actuemos.