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¿Qué hago en este mundo sin dinero, sin trabajo, sin familia?, así reflexionaba un joven alcoholizado aquella tarde lluviosa, mientras le hacía un nudo al cordel que finalmente segaría su vida.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) nos alerta sobre el problema del suicidio, toda vez que este fenómeno de autodestrucción es una de las tres principales causas de mortalidad entre los 15 y los 34 años: cobra una vida cada 40 segundos.

Cuando analizamos a nuestro país, nos encontramos que es la segunda causa de muerte, habiendo crecido en menos de una década un 50%, y el desencadenante de esta tribulación lo consideramos multifactorial, pudiendo citar a las enfermedades mentales, la pobreza, el abuso de sustancias tóxicas, aislamiento, dificultad para las relaciones y problemas laborales y pandemia, entre muchos, que incustionablemente están a la orden del día.

Este es un problema de salud pública, cuya tendencia va creciendo dentro del grupo de jóvenes que huyen de su realidad ante las crisis emocionales y su desacuerdo con el actual sistema de vida. El crecimiento de este fenómeno alcanza el 13% en México y entre sus maneras de segar la vida encontramos que las mujeres optan por las pastillas o cortes, que no son tan letales, en cambio los hombres lo logran prácticamente a la primera a través del ahorcamiento (80%) en poco mas del 50% de los casos.

Políticamente este tema se intenta evadir, pues impacta y cuestiona al sistema familiar y social en que vivimos. La situación actual es preocupante, baste mencionar que las oportunidades laborales se reducen, aumenta la desnutrición, aumenta la cirrosis hepática (por alcohol y por virus de hepatitis crónica) y por si fuera poco los divorcios y drogadicción y un reciente factor como la incertidumbre ante la pandemia. La zona sur, que incluye a la península, ocupa el segundo lugar en el ranking nacional con una tasa que alcanza el 10.2 por cien mil habitantes, estando representado por el el estado de Yucatán, tan sólo detrás de Chihuahua (Inegi 2017)

Desafortunadamente nuestra población infantil no queda al margen del problema en cuestion y el crecimiento es preocupante. Por un lado el menor es objeto de presiones familiares como resultado de un mundo cabalgantemente competitivo, y por el otro encontramos a progenitores exigentes que los obligan a alcanzar expectativas escolares más allá de sus capacidades. Es importante evitar la permisividad, sobreprotección y falta de autoridad durante sus años de formación.

Para finalizar, amable lector, sólo te pido reflexiones y refrendes tu compromiso social. La lucha contra este flagelo del suicidio empieza en casa, a través de la convivencia, charla, intercambio de ideas y fortalecimiento de valores, toda vez que con el epifenómeno infeccioso y rumbo socieconómico del país, las políticas públicas establecidas son inefectivas.