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Quizá el tema no sea de alta prioridad -frente a los otros asuntos vitales que ocupan nuestra vida hoy día-, pero sí es oportuno traerlo de nuevo al presente: el Consejo de Cronistas de Mérida, con la muerte de uno de los tres con que, como mínimo, podía funcionar, según su mal redactado Reglamento, tiene que ser obligatoriamente sometido a revisión.

La puesta al compás de los tiempos modernos de la corporación que se debería encargar de preservar la memoria histórica de Mérida ha sido planteada por quien esto escribe -sin haber recibido siquiera una respuesta negativa, solo silencio- desde el 24 de julio de 2011, mediante carta dirigida a la alcaldesa Angélica Araujo Lara (sin acuse de recibo) y de nuevo en enero de 2013, en artículo publicado en este periódico, a Renán Barrera Concha en su primer periodo al frente del Ayuntamiento. También sin siquiera el leve aleteo de un acuse de recibo.

En dos o tres oportunidades más, a su salida de actos públicos, le he pedido al alcalde que me reciba para hablar del tema e invariablemente me ha mandado “con Irving” (supongo que Berlín, el director de Cultura, que tampoco me ha dado una cita no obstante que al menos una vez le dije que Barrera Concha me mandó con él). Y no es queja, es solo una exposición de hechos. Lo cierto es que ahora ya no pueden soslayar este asunto porque con solo dos no puede existir más el Consejo. Me parece que es buena hora para hacer una reforma a fondo, de entrada, al reglamento de los cronistas y a su integración. No puede ser que una ciudad de la categoría de Mérida carezca de quienes se ocupen de preservar para la posteridad su vida social, económica, política, cultural, científica, deportiva, religiosa, etc.

Como está hoy el Consejo, no puede cumplir a cabalidad este importante papel. Está rebasado por la realidad de una ciudad que crece imparable en todos los ámbitos y que necesita una inyección de vitalidad (de juventud) y la diversificación de los especialistas que lo integren en adelante.

En Yucatán hay ejemplos de verdaderos consejos de la crónica, uno de ellos el de Valladolid (que desafortunadamente acaba de perder a un pilar en la persona del Dr. Renán Góngora Biachi, pero que seguro va a seguir funcionando por la calidad del resto de sus integrantes). Sería bueno que el alcalde se acercara a la Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán (de la que también era alma Renán Góngora) y que le pida asesoramiento para hacer un consejo del tamaño de lo que demanda la capital yucateca.

Finalmente, hay que recordar que el de cronista es un cargo honorario -es decir sin goce de sueldo- y que esto no se ha cumplido siempre (si quieren pruebas las tengo).

A ver si ahora me hacen caso, al menos con un acuse de recibo. No es por mí, es por Mérida.