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Para buscar y alcanzar una meta se requiere una gran energía. En esta pandemia debemos de buscar una meta y lograrla hasta el final. Muchos se preguntan de dónde puede una persona sacar esa fuerza, pero no se han preguntado de dónde sacan tanta fuerza los auténticos líderes.

Nos sorprende observar la fortaleza física de un Gandhi, que no corresponde a la energía que desplegaba al encabezar las manifestaciones de libertad de la India; la fuerza de un Eisenhower, un Churchill, un Cristo, una Golda Meir y otros lideres quienes, aun cuando tuvieron momentos de gran depresión, volvieron con una energía superior. Su secreto era encontrarse nuevamente a sí mismos y, lo más importante, renovarse y fortalecer sus ideales, que son la esencia de la energía en un líder.

En esta pandemia, la gente aburrida, cansada de vivir, pesimista y apática tiene en común la ausencia de ideales; son como pozos vacíos, que solamente albergan su negatividad, su desidia y su falta de animo, y están llenos de desánimo y derrotismo.

En cambio, las personas que poseen ideales son como el Sol que calienta, que irradia entusiasmo, que arrastra en pos de un sueño. Pero, ¿de dónde provienen los ideales? El idealista es aquel que cree poder hacer posible lo imposible, que ha encontrado por qué vivir; es aquel que está dispuesto a dar lo mejor de sí por su objetivo, es aquel que extrae lo mejor de sus potencialidades y está dispuesto al máximo sacrificio. Son aquellos que están dispuestos a morir por alcanzar un sueño.

Ahora que estamos en lucha contra el Covid-19, la duda, la incertidumbre y el vacío existencial es el síndrome que estamos viviendo en este momento. La carencia de objetivos, el aburrimiento, la falta de sentido a nuestra vida y no tener un propósito, nos lleva a la frustración existencial. Es la enfermedad de esta pandemia, el vivir una vida sin sentido, una vida que no vale la pena vivirse. El epitafio que debiera ser más común en los cementerios es: “Nació, creció y murió, y nunca supo para qué existió”. Es el causante de que para muchos, el peor día de la semana sea el domingo, día de humor negro, pues no hay cosas urgentes qué hacer, y como el ser está vacío de significado, se dedica a mortificar a los demás.

El doctor Viktor Frankl constató que 40 por ciento de sus alumnos en Viena admitía la sensación de falta de sentido en su vida, y entre los alumnos norteamericanos, 81 por ciento, y en México se ha visto que es un 90 por ciento. No tienen motivaciones, ilusiones ni esperanzas.

El día de hoy, en tu encierro domiciliario, pregúntate cuáles son tus ideales, por qué estarías dispuesto a dar lo mejor de tu vida, por qué causa serías capaz de morir. Es muy urgente que encuentres el sentido de tu vida y le des un significado a tu vida. Eso hará que tengas “un por qué”, “un para qué”, y “un con qué”, para vivir intensamente.

Es bueno recordar la estrofa del Lic. Jorge Peniche que dice: “Estrena una ilusión todos los días, ábrele una ventana a la esperanza; nunca pierdas la fe ni la confianza, la vida hay que llenarla de alegría”. No olvidemos que la paciencia es el alimento de la tolerancia, la tolerancia es el alimento del amor, el amor es el alimentó del perdón, y el perdón es el alimento de la paz.

Sí, el sentido de la vida no es algo que se nos da, sino es algo que debemos y tenemos que hacer para encontrarlo. “No es qué es lo que haces para vivir, sino qué es lo que haces para sentirte vivo”. ¡Ánimo, saldremos adelante!