24 de Abril de 2019

Opinion

Carlos Moreno Medina: el náufrago

El poder de la pluma

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Por: Rodrigo Ordóñez Sosa

A mi padre en su décimo aniversario luctuoso

Hace diez años, tras participar por primera vez en un encuentro de poesía en el Cobay de Kanasín, recibí un mensaje que anunciaba la muerte abrupta de mi padre. En la orfandad desesperada e inesperada, recordé el Taller de Literatura Yucateca impartido por el poeta Raúl Cáceres Carenzo, el cual me llevó de la mano para conocer a los escritores de la tierra sumergidos en el olvido. Así, en medio del luto y el hallazgo literario, al menos para mí, descubrí al poeta Carlos Moreno Medina.

Con una vida marcada por las carencias económicas, el alcoholismo y la literatura enredada en cada aspecto vital, me solidaricé con él, en muchas formas (sin la vida literaria) me recordaba a mi padre; con cada poema parecía que releía los 30 años que pasamos juntos: el hambre, las casas austeras en extremo, el rechinar de dientes al momento de pasar junto a las grandes mansiones. Al superar la interiorización de su biografía, descubrí que sus textos aún guardan un poder demoledor, un dolor tan humano, convertido en metáfora hiriente.

Los aportes literarios de Moreno Medina son perceptibles a primera vista, sus versos construidos a través de la modernidad y la naciente soledad del ser humano en un mundo diferente, en una ciudad que iniciaba su proceso de expansión hacia los cuatro puntos cardinales, con sus avenidas devorando el horizonte hasta convertir a Mérida en un bloque de concreto.

Sin embargo, su trabajo se ha diluido con el paso de los años, recordado únicamente por los conocedores de las letras yucatecas, solo a través de aquel taller tuve conocimiento de su trabajo. Con el dolor y la pérdida amenazando con devorar mis bordes, leí su poema A Flor de Angustia y en él comprendí que “la vida descansa sobre la flor de la espuma”, y su fragilidad es la única verdad que evadimos.

Por varios años dediqué cada 14 de febrero a realizar un homenaje luctuoso para evitar que su obra poética sea sepultada en el olvido, para evitar que la metáfora del frío, que tanto odiaba el autor, continúe apagando su voz, ya que su trabajo, descubierto y recomendado por José Revueltas hace varios años, representa una nueva cara de la poesía, es un canto que redescubre no solo las diferentes etapas del espíritu humano, sino de nuestra tierra.

Cada año, cada tristeza me obliga a regresar nuevamente a mi librero, para revisar los últimos autores que me han acompañado a lo largo del año, ahí Carlos Moreno Medina me recuerda, a través de sus versos, que el olvido es una presencia deshojada en la geometría del tiempo, columpiándose en la nostalgia, anhelando encontrar un modo de infiltrarse y borrar los últimos pasos que dio mi padre, para brindarle noche y cuerpo a la pena.

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