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En el ecosistema financiero existen varios riesgos que pueden desestabilizar a la economía de una nación e inclusive del mundo, y comúnmente se mencionan entre los riesgos los monetarios, bélicos, de desastres naturales, de tasas de interés, etc.

En ocasiones se resta atención a los efectos de uno de los problemas más peligrosos para una economía financiera: el riesgo sanitario.

Las afectaciones recientes relacionadas con el coronavirus (Covid-19) han activado los focos rojos de los expertos y estudiosos de los indicadores económicos y financieros a nivel mundial.

Y no es para menos, pues han sido colosales los estragos que una de las economías más poderosas del mundo, la china, está padeciendo a causa de esta enfermedad, lo cual ha puesto a temblar a los mercados globales y otras economías de las llamadas “poderosas”, que indudablemente no están preparadas para enfrentarse a una contingencia de este tipo.

Acumulaciones de inventarios, desinversión, caos en la población, incapacidad del sistema de salud, fractura de las cadenas productivas, derrumbe de precios en suministros del sector industrial y afectaciones tributarias han sido algunos de los problemas que la economía china ha sufrido a causa de esta contingencia de salud.

En lo que respecta a nuestro país, el gobierno federal afirma que no se resentirán fuertes afectaciones al sistema económico, lo cual considero como un pronóstico muy aventurado y excesivamente optimista, tomando en cuenta que nuestro sistema económico y financiero tiene la etiqueta de “dependiente” y que no se caracteriza precisamente por una sólida estabilidad financiera y económica.

Los acontecimientos mencionados anteriormente me llevan al siguiente cuestionamiento: ¿Las finanzas personales de la población mexicana están preparadas para enfrentarse a los efectos del Covid-19? Sin lugar a dudas ésta es una interrogante que no debe pasar desapercibida por los jefes de familia, puesto que en la actualidad la economía familiar sufre los estragos del alza excesiva de los precios de combustibles e insumos básicos; por ello dudo que la mayoría de ellas cuenten con un respaldo financiero para hacer frente a los efectos de un posible contagio.

En mi opinión, este problema sanitario, el cual a corto plazo seguramente será controlado, debe servir para que gobiernos y personas tomemos conciencia de lo cambiantes y volubles que pueden ser las finanzas públicas, privadas y personales ante hechos relacionados con la salud.

Lo cierto es que el llamado Covid-19 ha desnudado a las supuestas “economías sólidas” y las ha exhibido con unas finanzas de cristal, las cuales no necesitan precisamente de una guerra mundial o de una catástrofe monetaria para quedar en jaque; basta con un problema de salud para ser socavadas en sus más profundos cimientos.