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La Columna Viernes Cultural termina la lectura del reporte periodístico de la VI Cumbre Empresarial de la Alianza del Pacífico, conformada por México, Chile, Colombia y Perú, en la que uno de los líderes señaló: “La región necesita menos filósofos, menos psicólogos, menos abogados y más técnicos”, recomendando que “el sector privado tiene que acercarse a la universidad para que forme a personas con conocimientos aplicables a las empresas”.

En eso se asomó El Transcriptor, con sus códigos, leyes, reglamentos, acuerdos y demás parafernalia jurídica, y aquélla le dice: “A un lado, a un lado, D. Joven, usted estorba, usted sobra, por ser un ilustre abogadito, a un lado”, y lo empuja, casi violentamente, del sofá en donde ella bebe su espresso doble, servido en taza de porcelana china, de las dinastías de Shang y Zhou.

Lee esto, entérate, y le arrima el periódico, cuyo titular destaca: “Sobran filósofos, psicólogos y abogados”. Tú ya eres “shengnu”, y le explica, según una antigua información periodística: “En el Día de la Mujer 2013, en Pekín, se informó que el calificativo fue acuñado y divulgado por los medios oficiales en una campaña para presionar a las mujeres a casarse. Si una mujer china sigue soltera a partir de los 28 años, recibirá el apelativo de “shengnu” (“mujer sobrante” en mandarín), un término acuñado y divulgado por los medios oficiales que impone una palpable presión entre la población femenina”.

Además, sigue con la letanía en contra del abrumado prócer de los viernes: Lo dijo Tomás Moro, los abogados son como “chusma inútil y picapleitos de profesión”; y el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa: son “detestados urdidores de enredos”; y como sentenció el escritor Matthew Pearl, en su novela “El Club Dante”: “Un abogado nunca llegará a ser un gran hombre”.

Y, como dijo el maestro y abogado José Campillo Sáinz, en una conferencia a estudiantes de Derecho, en 1996: a los abogados se nos dice “trapisondistas, picapleitos, capaces de defender el pro y el contra, y algunos nos han llamado chupatintas y hasta cagatintas”. Para tratar con ustedes, y como apuntó la “Guía de Perplejos” de Carlos Martínez Vázquez, se requieren “seis montones: uno de papeles, dos de paciencia y tres de dinero”. Lo precisó también el escritor José Manuel Fajardo, en su novela “El Converso”: “El hombre sabio es el que no tiene trato con la justicia ni aun cuando tiene la razón de su lado, que son jueces y abogados peor que buitres y han de sacar tajada de todas partes”.

Con esto finalizo mi sentencia, que es definitiva e inapelable, estás notificado, ¡sobrante!

El Transcriptor no pudo decir ni pío, y razona legalmente y exclama: Ahhhh, es que hoy es Día del Abogado, ya entendí la “argumentación jurídica” de mi querida de los viernes, lo hizo para felicitarme y adularme, se nota cuánto me adora y me quiere, ¿verdad?

De nada… Saludos…