18 de Agosto de 2019

Opinion

Indolencia

El poder de la pluma

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Caminemos por la comunidad, pero hagamos que ese andar nos permita hacer visible todo aquello que se oculta tras la cortina de nuestras emociones, aquellas que nos hacen ver las cosas de distintas formas de las que como humanos debiéramos de verlas.

Aquellos sentimientos nos hacen partícipes de las expresiones físicas o conductuales de los demás, la colusión indirecta es la práctica cotidiana de aquellos seres que pretenden mimetizarse en las vivencias ajenas.

Hay una variedad participativa en el hacer y no hacer para con nosotros mismos y para con nuestros iguales, bajo esta actividad o inactividad el mundo pareciera hacer acto de presencia sin ser invitado.

Hagamos que ese recorrido se convierta en un acto humano de tal calado que la realidad nos haga cambiar la forma de ver el mundo hacia aquella forma en la que no debimos dejar de verlo, un mundo sensible a las ideas, las emociones, las frustraciones, todo acorde con lo que es el ser humano.

Durante ese recorrido encontraremos una diversidad de situaciones en las que están involucrados nuestros iguales, a eso es a lo que prestaremos atención para entender el contenido de este trabajo, hechos y sucesos que son tan normales que parecieran encontrarse dentro de la actividad regular del comportamiento humano.

Con seguridad encontraremos un automóvil varado en un encharcamiento y dentro del automóvil a un conductor desesperado por su patrimonio; en otro punto a una persona recorriendo la calle intentando hacer cualquier cosa para recibir unas monedas. En ese transitar alcanzaremos a ver a una persona derrumbada en la calle, poseída por el alcohol; durante ese andar veremos una gran variedad de situaciones humanas.

Es aquí donde aparece la indolencia como un fenómeno natural de la vida moderna, aquella en la que mis ocupaciones ameritan toda mi atención sin considerar a aquellos ajenos a mi persona o mi familia; esta característica que vino a invadir nuestro ser, de cuyas intenciones aún no nos percatamos, pero que seguramente serán quedarse a vivir en nosotros hasta en tanto no cerremos las puertas de nuestras sensaciones.

Sensaciones que nos llevan a referirnos a esos hechos que vemos como ajenos, al punto de expresar palabras con contenido de desprecio y a veces hasta odio; es así como actuamos en distintas formas en respuesta a lo que intentamos no ver o no escuchar, con un comportamiento que demuestra la inexistencia de nuestros iguales en alguna de esas situaciones, contribuyendo con comentarios despectivos, tales como: él se lo buscó, le gusta vivir así.

La definición de la Real Academia de este término es: Del latín indolentia, cuyo significado es insensibilidad, cualidad de indolente. ¿Estamos encontrando la salida a nuestros problemas con un comportamiento indolente para no considerar aquellos que aquejan a los demás?

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