|

Lo que más aleja en ocasiones más acerca. Hay momentos que debemos convertir en una gran oportunidad. Determinadas generaciones han vivido lo que las de otra época no, incluso hay una que experimenta lo que muchas no. Denominadas para términos de interpretación conductual las generaciones X, Y, Z, baby boomer y posmilenial, obtienen su denominación como efecto de sus vivencias.

Una de ellas vivió aquellos momentos en los que lo que consumía solo requería hacer un viaje a su patio y tomar lo que necesitaba, pero en otro viaje hoy, con apretar un botón, puede saborear una gran variedad de distintos alimentos.

Ese sencillo ejemplo deja entrever cómo la convivencia social se inclinó al lado del mínimo contacto de los sentidos; en otras palabras, llegamos al punto de nuestra convivencia en que en ocasiones, casi todas, lo que ahora importa es estar conectado, viajando en el espacio, recorriendo el mundo, visitando lugares mágicos, sitios de ensueño, a través de la tecnología que nos permite hacer todo esto de manera virtual, olvidándonos del contacto que nos hace diferentes a las demás especies, aquel que ocurre a través de los sentidos.

Cada generación que surge impone sus reglas, tal suceso no cambia desde la generación X hasta la posmilenial; esta situación representa un viaje de cincuenta años en el tiempo, circunstancia que le permite a una de esas generaciones vanagloriarse de poseer las vivencias de todas las otras.

Tales vivencias son muy variadas: guerras, muros, ejes, bloques, capitalismo, comunismo, epidemias… La que hoy vivimos, coronavirus Covid-19, es por demás el suceso que en la historia tendrá su espacio especial. Y es así no por otra cosa más que por la distancia social que se nos exige para prevenir contagios; tal circunstancia se convierte en una situación inédita.

Las vivencias del pasado no dieron pie a que, aun estando cerca, tuviéremos que estar lejos, porque aun estando lejos hacíamos todo para estar cerca; nunca nada impidió el beso y el abrazo reconfortante, la vivencia de la calidez humana. Padres con hijos, hermanas con hermanos, abuelos con nietos, tíos con sobrinos, amigos con amigos; tal parece que el monstruo llegó para pulverizar el anquilosado método que servía para hacer saber el cariño y aprecio por los nuestros. La distancia social que exigen las circunstancias puede convertirse en gran oportunidad de valorar lo que tenemos y apreciar lo que queremos; sin duda vendrán tiempos de reflexión, análisis y hasta conjeturas, pero encontrar las alternativas de un reencuentro aun con el distanciamiento obligado nos puede acercar más.

Para la reflexión: ¿estamos preparados para que el distanciamiento obligado nos pueda unir más como familia, como iguales y como especie, o la distancia social solo es un término con efectos de prevención para evitar el contagio?