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En la Real Academia Española encontramos como significados de la palabra duelo: dolor, lástima, aflicción o sentimiento. Seis meses llévanos conviviendo con un nuevo inquilino, uno que llegó para quedarse y que además no firmó contrato alguno para poder estar entre nosotros.

No cabe duda que los planes, los proyectos y el mismo acto de futurear son acciones de consecuencias impredecibles; como se dice coloquialmente: hoy estás, mañana quién sabe.

El tiempo que ya transcurrió convirtió nuestros actos en al parecer momentos estacionados en el tiempo, en una situación que no termina de concretarse, conjugada además con la limitación de no hacer más planes ni proyectos que traspasen los límites del día, en virtud de que nos encontramos a merced de un inquilino quisquilloso.

Un nuevo integrante de la sociedad, que como muchas cosas llegó sin previo aviso, con la diferencia de que los otros que llegaron nos dieron la oportunidad de conocerlos, entenderlos, afrontarlos y sobre todo saber cómo tratarlos de forma muy rápida.

Situación que hoy no podemos decir que se haya dado en las mismas condiciones en las que ocurrieron las circunstancias de aquellos otros vecinos que también llegaron para quedarse.

El nuevo inquilino es impredecible, no tiene un mismo método de intervención, es irrespetuoso, pues no le importan la edad o el género de quienes conviven con él, no tiene palabra, ya que muestra un patrón de conducta y de pronto cambia sin aviso previo.

Ante tal escenario, nuestra convivencia con el nuevo inquilino se ha convertido en una situación de relación extrema y peligrosa, más de él para con nosotros que de nosotros para él.

Su actitud nos ha puesto en extremadas complicaciones de diversa índole, que van desde el hecho de limitar la convivencia entre nosotros hasta provocar grandes daños orgánicos cuando se vuelve invasivo.

En el recuento de daños, podemos decir que ha sido más, mucho más todo lo negativo que ha provocado su presencia entre nosotros que lo positivo.

De lo positivo podemos referir que ya logró que nos conociéramos como familia, que nos ayudó a entendernos después de conocernos, nos enseñó a desarrollar habilidades que teníamos pero no usábamos.

Sin embargo, todo parece indicar que hoy emocionalmente nos tiene en la lona de forma perseverante, esto parece ser así, ya que apenas logramos reponernos por el fallecimiento de un amigo, familiar o conocido y casi al instante nos enteramos de otro.

Para la reflexión: ¿estamos preparados para vivir un duelo perseverante o necesitamos del apoyo emocional para afrontar los hechos?