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Entrado el otoño y a un mes de finalizar el año, me encuentro sentada frente a una hoja en blanco mientras medito sobre los estragos de la pandemia de Covid-19. El contexto social, económico, psicológico, laboral y familiar es lo primero que me viene a la mente. Y al respecto me visitan una serie de preguntas de las cuales no obtengo respuestas de todas. Sin duda ha sido un año desafiante, un confinamiento que nos ha puesto a prueba, donde cada quien ha tenido sus propios retos a resolver ¿Acaso el Covid-19 tiene algún regalo para la humanidad? ¿Estaremos aprendiendo de ello? ¿Estaremos evolucionando como sociedad? La factura es enorme, el coronavirus sigue su curso y tenemos que continuar con los recursos que tenemos, avanzar a pesar de las incongruencias, de las dificultades, de las tiranías de algunos.

Retomo las palabras del filósofo existencialista Martin Heidegger: “Tenemos la obligación de trascender porque el mundo cambia al ser humano y el ser humano cambia el mundo”. El Covid-19 nos vino a cambiar en muchos sentidos, nuestras formas o rutinas, nuevos modelos de trabajo, de relacionarnos con los otros, por mencionar algunas, pero ¿cómo hemos respondido a ello? La resistencia se ha hecho presente, unos se adaptan más rápido que otros, a algunos nos cuesta más trabajo encontrar nuevos sistemas de adaptación, aun así debemos continuar. Queda claro que la pandemia nos cambió y nos confrontó con nuestra vida cotidiana, quizá este contexto nos ha servido para replantear nuevas ideas o formas de hacer, quizá nos ha servido como reflector para tener mayor claridad en algunos asuntos, la quietud permite ver las cosas con mayor amplitud.

El coronavirus amenaza con estar una larga temporada, la nostalgia por finalizar el año invade, sobre todo por lo que nos ha dejado a su paso, los conflictos sociales se han incrementado y se han vuelto más violentos, el desempleo que se ha generado a raíz de negocios que se han visto obligados a cerrar, la violencia hacia la mujer, el incremento del índice de suicidios y una ansiedad colectiva por no saber si libraremos el Covid-19, y es entonces cuando recuerdo las palabras de Martin Heidegger: “El hombre es arrojado a lo absurdo de lo dado y sin embargo tiene la obligación de ir más allá de sí mismo, de trascender sus posibilidades”; para Heidegger el ser humano es un ser de infinitas posibilidades que debe cuestionarse sobre el sentido de la vida.

Estas últimas semanas de 2020 hagamos acopio de recursos internos y creemos espacios que nos sirvan de refugio, busquemos siempre la alternativa, encontremos sentido a las experiencias que hemos vivido este año y hagamos un filtro de lo que debe quedar atrás. Quedémonos con lo que suma a la vida.

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