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La aerolínea Japan Airlines decidió recientemente informar a sus pasajeros en qué lugares del avión viajarían los menores de dos años, todo con la finalidad de que, al seleccionar su asiento, los viajeros pudieran evitar estar cerca de los niños. Esta decisión se enmarca en una tendencia cada vez mayor de “libre de niños”; es cada vez más común encontrar hoteles, restaurantes y un sinnúmero más de lugares que se identifican como “libres de niños”. La creciente tendencia a tolerar cada vez menos a los niños parece olvidar que todavía están aprendiendo cómo se vive en sociedad, proceso que, además de natural, es necesario para todo ser humano, lo que no evita que haya cada vez un número mayor de adultos que parecen desear el destierro social de los infantes mientras no se aprendan a comportar; el problema es que los niños necesitan interactuar socialmente para aprender a convivir y muchos adultos no desean darles la oportunidad de esa necesaria interacción.

Es cierto que ningún adulto disfruta de los gritos o el llanto de un niño durante un viaje o en un restaurante, pero alguien le debe avisar que vivir en sociedad implica renunciar a ciertas cosas para obtener otras mucho mejores para uno mismo y para todos; quieren disfrutar los beneficios de vivir en sociedad pero sin pagar ninguno de los costos que esto significa, como el tener tolerancia a aquellos que se encuentran desarrollando sus habilidades de convivencia social; la enorme mayoría de estos adultos pasaron por la misma etapa sin que nadie tratara de librarse de ellos en trenes, cines o algún otro lugar público.

Esta creciente intolerancia a los niños no parece generar rechazo social si se tratara de limitar la libertad de algunos otros grupos sociales como los homosexuales o los negros. Ya medio mundo hubiera puesto el grito en el cielo, pero, como se trata de niños, nadie parece percibirlo, nadie se indigna socialmente por el intento de tener todo tipo de lugares “libres de niños”.La raíz de todo esto parece la muy generalizada tendencia a pensar sólo en uno mismo y creer que todas las cosas existen para mi agrado, nada debe de alguna manera incomodarme.

Los países desarrollados son quienes llevan la delantera en este tipo de situaciones; no por nada la tasa de natalidad en Europa es la más baja de todos los continentes e incluso hay países que en estos momentos no tienen los suficientes hijos para mantener su población, por lo que han tenido que recurrir a la inmigración como forma de tener suficientes trabajadores, resultando que la inmigración les ha traído también un sinnúmero de problemas.

Cuando una sociedad coloca entre sus molestias o enemigos a sus propios hijos, algo no va bien en ella y con seguridad le esperan problemas a futuro.

 

 

 

 

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