17 de Octubre de 2019

Opinion

Entre mercaderes y charlatanes

El Poder de la Pluma.

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Hace unos días pude leer en una de las tantas redes sociales una frase que me pareció muy desafortunada: un “profesional” que se define a sí mismo como un conferencista internacional en temas de desarrollo humano aseguraba que “hay gente que sale de nuestras vidas pensando que puede volver cuando quiera, pero se olvida que no toda la basura es reciclable”; lo primero que pasó por mi mente fue ¿cómo una persona que dice dedicarse al desarrollo humano se atreve a llamar a otro ser humano basura?

Alguien dedicado a trabajar en el desarrollo humano debe comprender perfectamente la importancia de la dignidad de la persona; sin embargo, parece que, en el afán de congraciarse con quienes se han sentido mal correspondidos y abandonados en alguna relación, pretende de la manera más simplista condenar a uno para exaltar al otro.

Intentar consolar a quien ha sufrido la pérdida de una relación exacerbando un sentimiento de rencor para quien se ha alejado de nosotros es un acto deleznable, que sataniza a uno y santifica a otro; pareciera que la única razón de ser de semejante conducta es complacer a todo aquel que está dispuesto a pagar un curso o la entrada a las charlas del conferencista mencionado.

Es muy fácil para estos mercaderes de lo humano encontrar un éxito inmediato, no por nada el “mensaje” mencionado alcanzaba las 2,878 aprobaciones por parte del público en menos de 24 horas. Por supuesto hay mucha gente feliz de que un mal llamado profesional valide la exteriorización de sus frustraciones de la manera más abyecta.

Enorme daño causan este tipo de charlatanes que lejos de privilegiar el encuentro de personas, la solución de conflictos, el aceptar la parte de responsabilidad que nos toca, venden una validación barata de nuestras conductas, que no nos hace mejores seres humanos, pero sí tranquiliza nuestras conciencias y da un aire de respetabilidad a nuestras conductas, aunque en el camino acabemos llamando basura a otro ser humano.

Mercaderes de la conciencia, vendedores de patrañas, profesionales en maquillar de validez nuestros odios, se extienden como plaga por nuestras sociedades, impulsando la perniciosa idea de que primero me tengo que amar a mí mismo antes que amar a los demás, siendo que la verdad es que no se ama uno “antes” o “después” que a los demás, sino que al amarse uno mismo ama al unísono a los demás y al amar a los demás uno en ese instante se ama a sí mismo.

No hay un antes o un después en amarse y amar a los que nos rodean, porque es en la relación con el otro en donde ambas situaciones se vuelven realidad, independientemente de que un charlatán mercader del desarrollo humano nos diga que primero somos nosotros y por ello tengamos el derecho de llamar basura a otra persona.

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