18 de Septiembre de 2019

Opinion

Las Diosidencias

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Hace 15 años comencé a trabajar como voluntaria en el Alberge Temporal San Vicente de Paul, su fundadora, junto con otras hermanas, Sor Beatriz Laviada, hablaba todo el tiempo de lo que ella llamaba Diosidencias.

A través de sus años de vivir como monja vicentina, ayudando a quienes más lo necesitan y que enfrentan la pobreza y la enfermedad, ella había observado la sincronicidad con la que la ayuda llegaba siempre en el momento que más se necesitaba.

En el Albergue hay cada día cerca de 130 albergados que requieren desayunar, comer y cenar. A pesar de tener diversos donadores, hay días en que los recursos con los que contamos no son suficientes, pero siempre y cada uno de los días, si no hay suficiente comida, alguien aparece de pronto con un donativo que permite servir la comida a tiempo. Ella hablaba de la divina providencia, y era capaz de ver la mano de Dios en cada uno de estos momentos en los que la ayuda llega a tiempo y salvando el día.

Hace 15 años recibimos como donativo de parte del Gobierno del Estado un nuevo terreno para establecer otro albergue que diera servicio a los enfermos que son atendidos en el hospital de Alta Especialidad, en Alta Brisa, que atiende a personas que cuentan con el recurso del Seguro Popular y que son atendidas en una de las zonas más caras y exclusivas de la ciudad.

La tarea nos parecía enorme, las Hermanas Vicentinas, que siempre han llevado la administración del albergue temporal San Vicente de Paul, no podían hacerse cargo de un nuevo albergue, así que conseguimos el apoyo de una nueva orden, el Instituto Secular de Misioneras de María Inmaculada, que con muy buena disposición aceptaron el desafío, pero en realidad ni ellas ni nosotros sabíamos muy bien cómo comenzar a trabajar, pero sabiendo la profunda necesidad que existía nos dispusimos a hacerlo en equipo.

Ayer cumplió 25 años de vida consagrada la directora de nuestro Albergue Buena Voluntad, la hermana Antonia Be Ayala, y al repasar su vida y la vida del albergue vemos cómo se repiten a lo largo del camino las llamadas Diosidencias. Hoy el albergue lleva seis años funcionando, y día a día más de 50 personas encuentran en el albergue un lugar en dónde descansar, tres comidas diarias y el apoyo y compañía de las hermanas y voluntarias que les permite recuperar la esperanza.

Mi fe no es tan grande como la de Sor Beatriz, pero todos los días puedo ver cómo el destino y la ayuda se sincronizan para lograr que funcionemos y ayudemos a quienes más lo necesitan.

Cuando estábamos construyendo el albergue, habíamos terminado la construcción de la capilla, sabíamos que teníamos que poner ventanas, pero la cancelería era muy cara, así que habíamos aplazado la inauguración de la capilla cuando una donadora nos llamó. Había remodelado su casa y tenía que mandarnos unas ventanas que cambió. Las ventanas fueron del tamaño exacto de nuestra capilla y pudimos hacer nuestra primera misa una semana después.

Hoy queremos agradecer el 25 aniversario del día que la hermana Tony dijo sí, dijo sí a una vida consagrada, dijo sí a ayudar a quienes más lo necesitan, dijo sí a hacer y poner al frente de su vida a los más necesitados, y gracias a ese sí nuestro albergue hoy cumple seis años funcionando.

La labor de cada una de las personas que trabaja en el albergue hace posible el milagro de nuestro funcionamiento, cada persona es importante, cada uno de nosotros pone un granito de arena y al final entre todos logramos el milagro de dos albergues dedicados a ayudar a quienes enfrentan la enfermedad y la pobreza, y que gracias a las Diosidencias, al grupo de voluntarias, a nuestros beneficiados, a nuestros donadores, a las hermanas y a todos los que están pendientes de nuestra labor y que ponen todos los días su granito de arena, podemos seguir trabajando y ayudando.

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