|

En torno a los centauros de la mitología griega hay muchos relatos y de muy variado contenido. Dicen que tenían el carácter muy inestable por la influencia de la parte animal. Pero Andreas Koppen escribió sobre un caso muy especial, el centauro Quirón.

Su padre, Cronos, estaba casado con Rea cuando se enamoró de la ninfa Filira, quien sería luego la madre del centauro. Ella rechazó al dios del tiempo y para librarse de su acoso se transformó en yegua. Entonces, Cronos se convirtió en caballo y, forzándola, logró su objetivo. De esa unión nació este ser mitad hombre y mitad caballo.

Dice la tradición que cuando Filira vio al monstruo que había engendrado, suplicó a los dioses que la transformaran y fue convertida en un árbol de tilo.

Quirón creció en una cueva en Tesalia, y con el tiempo su fama de sabio, prudente y de buen carácter, se extendió por toda Grecia. Cuando el joven Peleo, de quien Acasto pretendía vengarse a causa de una presunta traición, fue abandonado a su suerte y sin su arma entre los centauros, Quirón lo salvó y surgió una gran amistad entre ambos.

Tiempo después Peleo se enamoró de Tetis y pidió consejo a Quirón para conquistarla. El centauro le indicó lo que debía hacer para lograr seducirla y retenerla a su lado. Tetis concibió a Aquiles y cuando llegó el tiempo adecuado,  Peleo se lo entregó a Quirón para que lo instruyera. El buen carácter y la sabiduría de este centauro lo hacían un gran educador en áreas diversas como la música, la caza, la filosofía y la medicina. Por eso, además de Aquiles, tuvo como alumnos a Jasón, a Ajax, a Acteón y a Heracles, entre otros.

Quirón y la ninfa Cariclo engendraron a la sibila Melanipa, quien vaticinó que su padre renunciaría a su inmortalidad. Ciertamente, la profecía se cumplió pues, en cierta ocasión, cuando Heracles luchaba contra los centauros, Quirón fue herido accidentalmente por una flecha envenenada con la sangre de la Hidra, lo que le produjo una dolorosa herida incurable. Tan intenso e interminable era el sufrimiento que Quirón imploró a los dioses que le dejaran morir a cambio de ceder su inmortalidad a Prometeo.

Éste cumplía su castigo y esperaba que alguien se apiadara de él ofreciéndose como sacrificio humano, pues luego de robar el fuego divino para entregarlo a los hombres había sido condenado a vivir amarrado a una roca y un águila venía a devorar su hígado en el día, pero el órgano volvía a crecer por la noche.

La petición de Quirón fue aceptada, y acabó su vida como mortal, liberando a Prometeo de su condena y, asimismo, de la tortura diaria. Como recompensa por sus actos, Zeus ubicó al famoso centauro en el cielo como la constelación llamada Sagitario.