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La Polinesia se encuentra en el centro del Océano Pacífico y está conformada por casi mil islas cuyos pueblos están étnicamente vinculados. Entre los mitos que comparten destaca el de la obtención del fuego que fue recopilado por William Waytt Gill.

A Maui, semidiós de la mitología polinesia, se le encomendó custodiar el camino que conduce al inframundo y vivía en la tierra donde reside la humanidad. Su madre, Buataranga, en cambio, habitaba en aquel subterráneo. A veces ella subía para llevarle sus alimentos crudos y fríos. La comida de Buataranga, por lo contrario, estaba cocida y caliente. Un día, Maui notó la diferencia y se propuso encontrar la causa. Sigilosamente la siguió cuando retornaba al inframundo. Al llegar Buataranga en la entrada recitó un poema frente a una piedra negra y la cavidad subterránea se abrió.

Para entrar a ese espacio, Maui prestó un palomo rojo a Tane, dios de los bosques, e introdujo su espíritu en el ave. Se dirigió a la región profunda y en la entrada repitió el poema que su madre usaba. Penetró al inframundo y ya frente a su progenitora recobró la forma humana, descubrió el secreto de la comida caliente y le preguntó a su madre cómo se obtiene el fuego. Ella le confesó que lo ignoraba pues cuando necesitaba cocinar acudía a Mauike, el dios del fuego, y éste le daba antorchas ya encendidas. Buataranga advirtió a su hijo que Mauike era muy fuerte y violento.

Maui se apersonó ante Mauike y le pidió una tea. Cuando se la dio, Maui la lanzó a un río. Esto se repitió dos veces más. Mauike enfureció y le ordenó a Maui que se fuera y lo amenazó con lanzarlo al aire. Maui aceptó el duelo y empezó la pelea. Mauike agarró al héroe y lo arrojó al aire con tal fuerza que alcanzó la altura de un cocotero, pero Maui se volvió tan ligero que la caída no le hizo daño. Esto se repitió una vez más. Agotado por el esfuerzo, Mauike se detuvo para recuperar el aliento, ocasión que aprovechó Maui para lanzarlo dos veces al aire. Al caer, se causó graves heridas.

Mauike le suplicó que se detuviera; Maui accedió a condición de que le enseñara el secreto del fuego. Mauike le enseñó a hacer la candela con fibra seca de coco. Entre los dos hicieron una gran hoguera. Pero Maui seguía molesto con el dios del fuego y permitió que las llamas destruyeran la casa de Mauike y se propagaran por el inframundo. Maui se metió de nuevo en el palomo rojo y regresó a donde vivían los humanos. Las llamas del subsuelo alcanzaron la superficie de la tierra y los humanos la aprovecharon para cocer sus alimentos. Posteriormente, Maui enseñó a todos a encender el fuego maravilloso.

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