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Por la importancia del personaje, es necesario retomar y ampliar el mito en torno al nacimiento del patriarca Abraham y su relación con la cueva en la que vino al mundo. Para tal efecto se presenta una versión obtenida por Joseph Campbell, prestigiado mitólogo estadounidense.

El nacimiento de Abraham le había sido revelado a Nimrod, rey de Sinnar, en Mesopotamia, por las estrellas, pues este monarca fue también astrólogo. Así se enteró de que un niño habría de nacer en su reino y cuando creciera se levantaría en contra suya al contradecir a su religión. Aterrorizado por tal augurio, llamó a sus subalternos y les pidió consejo con respecto a este asunto.

Ellos le dijeron que debía construir una gran casa, poner una guardia en la entrada y luego proclamar que todas las mujeres embarazadas del reino, y las parteras que hubieran de atenderlas, deberán venir a vivir en ella. Cuando las mujeres dieran a luz, será deber de la partera matar a la criatura si es un varón. Pero si fuera niña, se le permitiría vivir, y la madre recibiría caros regalos.

Nimrod ordenó a los arquitectos que construyeran aquella enorme casa y cuando estuvo terminada, introdujeron en ella a todas las mujeres embarazadas para que fueran a vivir allí hasta el día de su parto. Bajo esa circunstancia, por lo menos setenta mil niños fueron asesinados. Entonces los ángeles se presentaron ante Dios y le preguntaron por qué permitía aquella matanza de inocentes. Dios respondió que pronto castigaría a Nimrod.

Previo a ese tiempo, Terah casó con la madre de Abraham y pronto tendrían un hijo. Al aproximarse el día del parto y enterados de la orden del rey, huyeron hacia el desierto hasta llegar a una cueva. Entraron a la cavidad y al siguiente día, ella tuvo el hijo, por lo que se regocijaron.

El recién nacido era el futuro profeta Abraham. La madre y Terah se lamentaron por las circunstancias en que se encontraban y pensaron que era mejor que el niño muriese en la gruta que verlo asesinado por los soldados del rey. Así que, con dolor, abandonaron a Abraham mientras decían: que el Señor sea contigo, que no te olvide ni te descuide.

Dios mandó a Gabriel para que lo cuidara y el ángel hizo salir leche del meñique de la mano derecha del niño y con ella se alimentó hasta que tuvo diez días de edad; entonces caminó y dejó la cueva. Quiso adorar a la luna y las estrellas, pero vio que al amanecer desaparecían. Trató de alabar al sol, pero lo vio guardarse en la noche.

Entonces exclamó: mi dios será aquel que ordena el movimiento de todos los seres del mundo. Posteriormente, Abraham fue reconocido por los judíos, cristianos y musulmanes como antecesor y patriarca de sus respectivos pueblos.

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