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Gilgamesh, héroe de la mitología mesopotámica, se involucró en una terrible riña con Endiku, pues el primero quería matar al segundo, ya que era un déspota con sus súbditos, según la publicación de Fernand Comte. Gilgamesh estaba ganando la pelea, pero en vez de matar a Endiku y, en reconocimiento a su poder, le tomó aprecio y se volvieron amigos.

Brenda Rosen dice que después de la pelea emprendieron una heroica aventura. Fueron al Bosque de los Cedros a talar árboles para construir una enorme puerta en la ciudad de Uruk. Sabían que un gigante llamado Huwawa custodiaba el bosque. Este monstruo tenía el cuerpo blindado con duras placas y sus patas de león acababan en garras de buitre. También tenía cuernos de toro y una cabeza de serpiente en el extremo final de la cola. Endiku logró someter e inmovilizar al monstruo mientras Gilgamesh le clavaba su espada y lo decapitó a petición de Endiku. Los dioses decidieron que Endiku debía morir por haber propiciado la muerte de Huwawa.

De nuevo en la versión de Comte, éste señala que Gilgamesh quedó destrozado por la muerte de su amigo y se propuso descubrir el secreto de la vida eterna. Desde ese momento empezaron sus nuevas aventuras. Salió en busca de Utnapishtin, quien conocía el secreto de la inmortalidad. Para encontrarlo tuvo que evadir a los hombres escorpión, que podían matar con la vista, y continuó su camino. Posteriormente, Gilgamesh anduvo durante doce horas atravesando las tinieblas de los pasajes subterráneos. Allí encontró a la ninfa Siduri, quien intentó disuadirlo de sus planes pero fue en vano; Gilgamesh cruzó las Aguas de la Muerte y llegó donde vivía Utnapishtin. Éste lo sometió a la siguiente prueba: que no durmiera durante seis días y sus noches. Pero Gilgamesh se durmió y despertó en la sexta noche. A pesar de esto, Utnapishtin le dijo que una planta, que crecía en el fondo del agua, le podía conceder la inmortalidad.

Gilgamesh fue a sacar la planta mágica y luego inició el retorno a su reino con la intención de compartirla con sus súbditos. Pero en el camino se detuvo para tomar un baño en un manantial. Entonces, una serpiente, atraída por el perfume de la planta mágica, la devoró. Por esta razón las serpientes se renuevan mudando la piel, en tanto que los seres humanos deben morir. Gilgamesh no alcanzó la inmortalidad. Regresó a Uruk y se resignó a proseguir su vida anterior.

La historia real dice que hubo un rey llamado Gilgamesh y fue el quinto monarca de la dinastía de Uruk. Fue quien mandó a edificar importantes obras hidráulicas. También hizo construir una muralla de 9 kilómetros de longitud, flanqueada por 900 torres semicirculares. Pero la grandeza del constructor, dice Comte, no tiene que ver con el mito.

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