18 de Septiembre de 2019

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A partir de las modificaciones a la Ley General para la Gestión Integral de los Residuos Sólidos de Yucatán hemos notado que la preocupación por el cuidado del planeta está impactando a diversos sectores de la población, pero sobre todo a los distintos consumidores.

Las imágenes de vertederos, playas, cenotes, etc. llenos de basura son muy elocuentes y nos hace reflexionar sobre nuestro papel como consumidores: ¿responsable o irresponsable?

Para acabar con el problema del alto consumo o del manejo irresponsable de los residuos sólidos no basta solo una ley, es necesario que la política pública también dirija sus baterías hacia una cultura a favor del planeta, iniciando con la formación desde etapas tempranas, de mano de la Secretaría de Educación, así como creando campañas que nos enseñen a los ciudadanos qué hacer con nuestra basura, cómo debe clasificarse, qué cosas pueden servir a otros, cómo desechar inteligentemente lo que ya no usaremos, a dónde se puede llevar lo que a otros puede servir y, con una acción concreta, sistematizar la recoja de basura ya clasificada con los distintos prestadores de este servicio.

Al parecer, es más fácil decir que las bolsas de plástico, los popotes y los desechables están prohibidos –aunque no es exactamente lo que dice la ley– que implementar políticas que sirvan para educar a la población.

Si este es nuestro panorama inmediato, entonces quienes de alguna forma ya tenemos el “chip ecológico” debemos darnos a la tarea de compartir con los demás estrategias sencillas que se pueden implementar en casa y en nuestro día a día en tanto las autoridades buscan cómo resolver lo que atañe al mal manejo de los residuos sólidos de una gran parte de la población, sobre todo porque sabemos que estos empaques no son el problema sino los consumidores que no sabemos qué hacer con ellos.

La prohibición no siempre es la solución, tenemos que aprender a ser consumidores inteligentes. ¿Cómo es eso? Hay tres palabras clave: reducir, reusar y reciclar.

Al reducir nuestro consumo evitamos explotar nuestros recursos, antes de comprar algo pensemos qué tan necesario es, busquemos presentaciones que sean más amigables con el medio ambiente.

Aprendamos a reusar los productos, tratemos de combatir la cultura del descarte. Hagamos un esfuerzo por adquirir productos que duren más, y cuando los reemplacemos busquemos que pueda servir a otros. Lo cierto es que hay productos que tienen múltiples aplicaciones, y muchas personas que no pueden darse el lujo de comprar cosas nuevas tanto como quisieran.

Emprendamos nuevas cadenas de reciclaje de desperdicios. En casa podemos empezar teniendo distintos botes de basura que nos permitan poner en ellos “basura limpia”, es decir, que no se contamine con residuos de alimentos en el mismo bote, y así, los plásticos, el vidrio, el cartón, el pet, las latas pueden incluso representar la recuperación de algún dinero si los manejamos bien.

Ya sabemos que todavía los prestadores de servicios de recoja de basura no clasifican nuestros residuos, aunque nosotros sí lo hagamos, pero no hay que desanimarse porque habrá valido la pena mientras vamos creando cultura ecológica entre los que tenemos más cerca.

Para ayudar al planeta se necesita de la colaboración decidida de todos los que compartimos este espacio común, y las acciones sencillas también cuentan.

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