El k’i’inam y los recién nacidos

Miguel Güémez Pineda: El k’i’inam y los recién nacidos

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Además del ciclo reproductivo, otra etapa del ciclo vital de los mayas yucatecos donde aún se observan cuidados culturales específicos es durante los primeros meses de vida del niño. Estas prácticas son de carácter intergeneracional y se sustentan en saberes, conocimientos y modelos de comportamiento social que garantizan la protección de la madre y el recién nacido. Prácticas que deben ser vistas como sistemas integrados y como elementos fundamentales para la salud humana.

Dentro del marco de conceptos y prácticas domésticas de cuidado en salud con los recién nacidos, está el de vigilar el proceso de cicatrización umbilical y, sobre todo, evitar que el k’i’inam “caiga” en su ombligo. Cuando esto ocurre se dice: lúub k’i’inam tu tuuch le champaalo’. Por tuuch me refiero tanto al muñón de 3 a 7 cm que se deja unido al niño, que se seca y cae en los días subsecuentes al nacimiento, como a la cicatriz resultante y que constituye el ombligo propiamente dicho.

La noción de k’i’inam, según el antropólogo José Colón, es muy amplia y no se limita al dolor físico, se abre al concepto de energía mala que permanece en el ambiente. Deriva de k’iin, sol, día y -nam, sufijo agentivo, comúnmente usado para formar sustantivos agentes. Entonces puede definirse imprecisamente como la “energía nociva” que poseen personas que atraviesan por ciertos estados (embarazadas, menstruantes, que recién hayan tenido relaciones sexuales). El k’i’inam se introduce en el cuerpo y se expande ocasionando malestares y trastornos en partes y órganos del cuerpo que pueden agravarse. Uno de los puntos de atracción y canalización de esa energía agresora es el cordón umbilical que no se ha secado o cicatrizado del todo.

Por tal motivo, determinadas personas evitan tener cercanía o entrar en contacto directo con el recién nacido; o, para protegerlo del k’i’inam, pueden poner un poco de su saliva en su ombligo.

Los principales signos y síntomas de niños con k’i’inam son: malestar, sangrado, dolor, secreción maloliente, hernia o infección umbilical. Cuando el ombligo queda saltado se dice: Ts’o’ok u p’íitil u tuuch le chambaalo’.

Aunque existen varias formas de tratamiento, la más socorrida es buscar a una mujer embarazada que unja un poco de su saliva en el ombligo. Y, adicionalmente, se emplean plantas con propiedades hemostáticas que se aplican en el ombligo afectado. También se recurre al médico en caso de complicarse.

Una forma de proteger a los recién nacidos contra la energía agresora de las personas consiste en colgar una rama grande de roble o béek (Ehretia tinifolia) en la puerta principal de la casa, unas dos semanas, en lo que el ombligo cicatriza bien; las hojas tienen la propiedad de absorber el k’i’inam. Por la calle transitan personas que pueden poseerlo y enfermar al recién nacido. Coincidentemente, la corteza molida del roble se usa para cauterizar heridas.

El k’i’inam también ataca de formas diversas a las personas adultas y existen distintas maneras de entenderlo y tratarlo. Ahora solo vimos cómo afecta a los recién nacidos de la comunidad de Yaxcabá, al oriente del Estado, de donde obtuve recientemente la información como parte de un proyecto a mi cargo financiado por la Fundación W. F. Kellogg y la UADY.

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