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Hace ya muchos años tuve la oportunidad de enterarme de una investigación realizada por la universidad de Lovaina, Bélgica,que le presentó a un numeroso grupo de niños menores de doce años tres distintos dibujos que mostraban diversas maneras de celebrar su cumpleaños, y les pidió que eligieran la celebración que más les gustara: en la primera imagen se veía a un niño solo sentado en el suelo y rodeado por una gran cantidad de regalos, en la segunda imagen un niño estaba con sus dos padres en una mesa pletórica de regalos, la tercera imagen mostraba a un niño con sus padres, parientes y amigos, todos jugando y divirtiéndose y sin ningún regalo.

Los resultados fueron muy claros: sólo un quince por ciento había seleccionado la primera imagen, otro quince por ciento eligió la segunda opción y un abrumador setenta por ciento prefirió sin dudas la tercera; interesante sería repetir el estudio en los tiempos actuales y casi me atrevo a asegurar que las variaciones respecto del antiguo estudio serían mínimas; ¿por qué?, porque los niños, jóvenes y adultos intuyen, sino es que saben, que la mayor felicidad es la compañía.

¿Quiere decir esto que lasoledad es mala?No, de ninguna manera, la soledad puede ser buena cuando sirve para reflexionar, para encontrar nuestra verdad interior, cuando es un espacio de reflexión profunda y cuando se está en soledad para poder después lograr cosas mejores.La soledad es un alto en el camino, no un destino. Porque si es verdad que más vale estar solo que mal acompañado, no menos verdad es que es infinitamente mejor estar bien acompañado que solo.Las personas nos humanizamos en el trato con el prójimo; es la relación con los demás lo que nos define como humanos.

Jean Paul Sartre,filósofo del existencialismo del siglo XX, aseguraba que “el infierno son los otros”, y no es de extrañar que con estetipo de ideas Sartre no fuera precisamente feliz. Algo se le escapa a Sartre en esta mirada y es que en realidad “el cielo son los otros”, porque a pesar de todo lo que de cansado y conflictivo llegue a tener la relación humana, los otros son la causa y el destino de eso que llamamos amor.

No se trata en ningún momento y de ninguna manera de negar nuestra individualidad, porque cada uno de nosotros debe llegar a ser quien pueda ser y no vivir la vida del otro. Hay que trabajar en ser auténtico, ser uno mismo, realizar todas nuestras potencialidades, pero tener muy claro que esas potencialidades existen en mí para vivir en relación con los demás y que nos es necesario cumplir aquella antigua meta resumida en amar y ser amado. Quien logre el sano equilibrio entre estas dos aspiraciones vivirá realmente en felicidad plena. Pido que todos la alcancemos.