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Alex Grijelmo (“La seducción de las palabras”) dice que una palabra posee dos valores: el primero, personal del individuo y ligado a su propia vida; y el segundo se inserta en aquél pero alcanza a toda la colectividad. Así, la palabra uniforme nos hace evocar al soldado, al policía, al bombero, a nuestro equipo favorito; pero también, el uniforme debe uniformar criterios, actuaciones, objetivos comunes.

La importancia del uniforme es tal que, por ejemplo, la antigua Policía Federal de Caminos perdió su identidad cuando les quitaron el verde y kaki para vestirlos de azul marino al integrarlos a la Policía Federal. Aduanas perdió también algo de su impronta cuando retiraron a sus veteranos elementos, que fueron sustituidos por jóvenes uniformados en dos tonos de azul, hoy desaparecidos.

En la Marina, no pocos almirantes se resistieron a portar un uniforme gris de dos tonos que a mediados de los 90 suplió al kaki tradicional de muchas fuerzas armadas, y cuyo uso ha retornado junto con la cuartelera y los distintivos del grado y la especialidad a ambos lados.

El Libro de Políticas de la Armada dice que el uniforme identifica a sus miembros y refleja el orgullo de su profesión, inspira confianza dentro y fuera de la institución, por lo tanto, lo visten como un estándar visible de la excelencia y como un reflejo de la organización a la que pertenecen, pero son la doctrina naval y las tradiciones las que uniforman a los navales que, por cierto, poseen más uniformes que el Ejército, en el que predomina el verde olivo.

Si, como dice Juan José Arreola en su Bestiario: “La cebra toma en serio su vistosa apariencia, y al saberse rayada se entigrece”, es poco probable que esta alegoría aplique a la Guardia Nacional en ciernes, pues los uniformes causaron polémica.

En la presentación realizada la semana pasada, en Tijuana, el titular de la Sedena, general Luis Cresencio Sandoval, dijo que los uniformes en colores gris y negro camuflados son para el personal de campo, y en color obscuro y gris para los agentes de proximidad, y llevarán un brazalete e identificadores en la espalda con las siglas GN. Aunque el hábito no hace al monje, lo deseable es que el vestuario y equipo reflejen lo que debe ser un cuerpo de élite como el que se plantea.

Si la confección del vestuario para la GN está a cargo de la Sedena, se pudo realizar un mejor diseño, comenzando por los textiles, un buen corte (la camisola que tiene un cuello demasiado grande), y terminando con el tocado, que se parece mucho al quepí de los gendarmes parisinos… y ya surgieron los memes.

Y disculpen la comparación, pero los nuevos uniformes de los Leones de Yucatán están mejor que los de la GN, si bien los portadores luchan por causas diferentes, en el fondo se busca lo mismo: orgullo de pertenecer a una institución y la victoria en la batalla.

Anexo “1”

Camuflaje “inteligente”

En septiembre de 2015, la Semar presentó el llamado“Uniforme Transicional de Cuarta Generación”, de camuflaje, para la Infantería de Marina. En su momento se dijo que fue aprobado por sus altos estándares internacionales de diseño y se presumió que tiene candados de seguridad para evitar su falsificación, además de que, con la nueva tecnología, la dependencia sabrá exactamente quién lo porta y dónde se encuentra. Su peso aproximado es de tres kilos, y puede utilizarse en zonas desérticas, clima frío o lluvioso.

Para dar una idea de la importancia del uniforme y sus características, al menos 80 uniformes existentes en todo el mundo fueron estudiados por la Secretaría de Marina, tomando en cuenta la fisonomía del marino mexicano. El elegido fue diseñado por Hypersealth, una exitosa compañía canadiense que ha elaborado unos 12 mil patrones de camuflaje en todo el mundo, incluidos uniformes militares y aviones de combate. La Marina obtuvo la patente de este exclusivo uniforme en 2016.

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