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En su narración sobre su presencia en Yucatán, el viajero y explorador John Lloyd Stephens señala que dejan el poblado de Nohcacab para trasladarse al sitio de Kabah y hace mención de una serie de construcciones religiosas ubicadas en los límites de la población donde se alojaba: “Pasamos a través de una calle larga, la cual tenía chozas de huano a los lados, las cuales eran ocupadas exclusivamente por indios...

Al final de la calle, así como en los extremos de las tres otras calles principales -las cuales corren hacia los puntos cardinales-, había una capillita y un altar, donde los habitantes de la villa ofrecían rezos al dejar la población, [así como] preces de gratitud por su regreso seguro”.

El análisis de estas “capillitas” referidas por Stephens ha sido tema de investigación de algunos especialistas, en la cual se pretende poner atención tanto en la descripción de estas construcciones, también referidas como “oratorios”, así como en su funcionalidad y en el simbolismo de estos monumentos que persisten desde la colonia hasta el día de hoy.

En este sentido se hace referencia al hallazgo de seis construcciones coloniales en forma de herradura, denominadas por los informantes de los investigadores como “olotorios” u “oratorios”, los cuales pueden ser asociados como un ejemplo del sincretismo de la religión traída por los misioneros franciscanos durante la colonia y la tradición prehispánica de la península de Yucatán.

En la actualidad, cinco de estos “oratorios” han sido restaurados como parte del Programa de Empleo Temporal del INAH, con el propósito de estabilizarlos, ya que se encontraban en precarias condiciones de conservación.

Con las labores de conservación se garantiza una larga duración y la permanencia de estas estructuras históricas, como testimonio de una manera de ser y la referencia que nos proporciona un indicador de la forma de vida, de cómo los pobladores de Nohcacab hacían sus oraciones antes de emprender el camino a pie, en carreta o a caballo.

La forma de transitar en nuestros días ha cambiado, así como las vías de comunicación, pues se han dejado aquellos caminos de rodada que comunicaban a otras rancherías como Yiba, la hacienda Uxmal, Chetulix, San Simón, Becal o Calkiní, Ticul y Bolonchén, poblados que mantenían una comunicación entre sus pobladores.

Esto requería la existencia de los oratorios para invocar la protección de la divinidad para los viajeros durante la travesía.

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