15 de Septiembre de 2019

Opinion

Ya basta de agresiones

El poder de la pluma

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Ante el creciente reclamo, sobre todo en redes sociales, de las vejaciones a los militares por parte de pobladores que cometen ilícitos, el presidente López Obrador avaló la determinación de la Sedena de responder a las agresiones en contra de sus elementos. Esto luego de recientes hechos en Amozoc y Acajete, en Puebla, que se sumaron a una larga serie iniciada hace varios años.

Sin embargo, recomendó que no haya abuso de la fuerza: “No se permite, no se tolera en el gobierno, nada de que son delincuentes, son seres humanos y nadie está autorizado para ajusticiar, para rematar heridos, para masacrar”, precisó el mandatario, quien reconoció que el Ejército y la Armada son las dependencias de las que mayor apoyo ha recibido.

El presidente tiene tantos asuntos que tratar que ignora, y se ve que también sus asesores, que el 30 de mayo de 2014, la Sedena y Semar publicaron el “Manual del uso de la fuerza, de aplicación común a las tres fuerzas armadas”, ante la preocupación de que hubiera víctimas civiles en medio del fuego cruzado al enfrentar a delincuentes.

El manual, más que “una guía para la actuación del personal militar en ejercicio de sus funciones”, es un tratado sobre las conductas de soldados y marinos ante hipotéticos escenarios, y hace hincapié en que el uso de las armas será el último recurso. El primer capítulo exhorta a evitar conductas como: homicidios, detenciones arbitrarias, incomunicación, cateos y visitas domiciliarias ilegales, tortura y tratos crueles, inhumanos y degradantes, violencia sexual, desapariciones forzadas. Es decir, todo lo que se pide para el respeto a los derechos humanos.

El tercer capítulo busca proteger a la población ajena a las acciones de apoyo a las autoridades civiles responsables de la seguridad pública, y para ello establece que los militares videograben o fotografíen sus operativos “para estar en condiciones de aportar medios de prueba fehacientes sobre su actuación”. Algo así como probar su inocencia por si llegan a ser acusados de algún delito.

Si los militares ya están regulados en su actuación, ¿cómo hacerlo con civiles que los agreden y que en un momento dado pueden provocar una respuesta de fatales consecuencias? Porque es falso que la población en general es “buena”; sí, son seres humanos pero también delincuentes a los que les importa un bledo el llamado a portarse bien o evangelizarlos.

El gobierno insiste en que con el incremento paulatino de la presencia de la Guardia Nacional (un híbrido que hasta ahora no ha demostrado su eficacia), se van a lograr buenos resultados en seguridad. Pero si se toleran insultos y agresiones a militares, ¿qué no harán con los policías o la GN?

Por cierto, el manual de referencia señala que “no se debe disparar, excepto en aquellos casos en que, de no hacerlo, resulte evidente y notorio que el personal de las fuerzas armadas o terceros resultarán gravemente afectados y no hay otra alternativa para evitarlo”. ¿Habrá que llegar a este extremo?

Anexo 1

Centinelas, intocables

 Lo escribo como nos lo contaron durante nuestra estancia en el Centro de Capacitación de la Armada, en Veracruz: Un centinela mató de un disparo a un oficial docente que le dio un “fuetazo” cuando el primero le saludó en la entrada del plantel. En realidad se trataba de un lío de faldas, pues el oficial andaba con la mujer del centinela (de tropa), por lo que éste, al pasar el oficial le hizo la demostración de respeto, pero en voz baja le mentó la madre; la reacción del oficial fue propinarle el fuetazo, lo que dio motivo al centinela para defender su integridad.

Al respecto, el Reglamento para el Servicio Interior de las Unidades, Dependencias e Instalaciones del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos señala en su artículo 95: “Todo centinela o vigilante hará respetar la autoridad de que se haya investido; si alguien pretende desconocerla, llamará al Cabo de turno y prevendrá al infractor que se contenga; si esto no basta y persiste en su actitud, procederá con energía contra el agresor y, en caso de que peligre su persona o la seguridad de su puesto, hará uso de su arma”.

No hemos corroborado la anécdota, pero sí casos similares en los que centinelas o vigilantes han “cortado cartucho” a oficiales de vigilancia, por su comportamiento, a veces agresivo, a quienes desempeñan un servicio de armas, lo cual evidencia el respeto que debe tenerse a quien ejerce una autoridad o comisión.

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