Los candidatos del PRI tienen fresca en la memoria –y en sus pesadillas circulares– la humillante derrota en aquella jornada del cinco de junio de 2016, cuando les arrebataron la gubernatura y alcaldías como la capitalina y la de Solidaridad (Playa del Carmen), condenándolos a ser oposición a nivel local; en el ámbito federal han mantenido su hegemonía en senadurías y diputaciones.

Ya sin un gobernador que sea su Comandante en Jefe y principal financiero, el PRI irá a esta guerra con esa vulnerabilidad visible desde Júpiter para enfrentar una amenaza: el torbellino de la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador, quien aporta un vigor desequilibrante a las candidaturas, con efectos más fuertes en zonas como Cancún y apenas detectables en Cozumel.

La fórmula priista para el Senado –integrada por Susana Hurtado Vallejo y Raymundo King de la Rosa– se juega su resto en este juego de cartas, defendiendo una condición de PRI invicto que en este choque electoral es seriamente amenazado por los candidatos morenos Marybel Villegas Canché y José Luis Pech Várguez.

Susana Hurtado y Raymundo King tienen oficio político y dominan el juego electoral con los ojos vendados, pero la dupla morena los desafía abiertamente aprovechando el efecto AMLO, infinitamente superior al defecto Meade. Recordemos que en dos ocasiones –2006 y 2016– el tabasqueño ha triunfado en Quintana Roo y se perfila como amplio favorito con el ingrediente de la elección local lanzada a la canasta de la cartelera federal, una combinación muy incómoda para el priismo habituado a las victorias.

Posición exclusiva de priistas vencedores hasta este proceso, la diputación del segundo distrito con cabecera en Chetumal es muy similar a la alcaldía capitalina hasta antes de la elección de 2016 que trituró al PRI borgista: siempre ha estado en su poder y la oposición nunca fue una amenaza, pero ahora el escenario es tan diferente y presenta un agresivo nivel de competencia con el ex priista Luis Torres Llanes –de la coalición PAN, PRD, Movimiento Ciudadano– y Patricia Palma Olvera, de Morena.

La candidata priista Cora Amalia ingresó a la política cuando su partido ganaba bostezando todas las elecciones imaginables, pero ahora sabe que cada voto tendrá que disputarse casa por casa, choza por choza.s pesadillas circulares– la humillante derrota en aquella jornada del cinco de junio de 2016, cuando les arrebataron la gubernatura y alcaldías como la capitalina y la de Solidaridad (Playa del Carmen), condenándolos a ser oposición a nivel local; en el ámbito federal han mantenido su hegemonía en senadurías y diputaciones.

Ya sin un gobernador que sea su Comandante en Jefe y principal financiero, el PRI irá a esta guerra con esa vulnerabilidad visible desde Júpiter para enfrentar una amenaza: el torbellino de la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador, quien aporta un vigor desequilibrante a las candidaturas, con efectos más fuertes en zonas como Cancún y apenas detectables en Cozumel.

La fórmula priista para el Senado –integrada por Susana Hurtado Vallejo y Raymundo King de la Rosa– se juega su resto en este juego de cartas, defendiendo una condición de PRI invicto que en este choque electoral es seriamente amenazado por los candidatos morenos Marybel Villegas Canché y José Luis Pech Várguez.

Susana Hurtado y Raymundo King tienen oficio político y dominan el juego electoral con los ojos vendados, pero la dupla morena los desafía abiertamente aprovechando el efecto AMLO, infinitamente superior al defecto Meade. Recordemos que en dos ocasiones –2006 y 2016– el tabasqueño ha triunfado en Quintana Roo y se perfila como amplio favorito con el ingrediente de la elección local lanzada a la canasta de la cartelera federal, una combinación muy incómoda para el priismo habituado a las victorias.

Posición exclusiva de priistas vencedores hasta este proceso, la diputación del segundo distrito con cabecera en Chetumal es muy similar a la alcaldía capitalina hasta antes de la elección de 2016 que trituró al PRI borgista: siempre ha estado en su poder y la oposición nunca fue una amenaza, pero ahora el escenario es tan diferente y presenta un agresivo nivel de competencia con el ex priista Luis Torres Llanes –de la coalición PAN, PRD, Movimiento Ciudadano– y Patricia Palma Olvera, de Morena.

La candidata priista Cora Amalia ingresó a la política cuando su partido ganaba bostezando todas las elecciones imaginables, pero ahora sabe que cada voto tendrá que disputarse casa por casa, choza por choza.