Carlos Castillo/SIPSE
BACALAR, Q. Roo.- En el marco de la celebración de 34 aniversarios de la comunidad de Maya Balam, los habitantes se sienten olvidados de la mano de las autoridades estatales y federales, la percepción de “refugiados” no ha cambiado.

En octubre de 1983, ante el temor a morir acribillados por el ejército en Guatemala, su tierra natal, miles de ciudadanos lo dejaron todo para sobrevivir.

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Primeramente llegaron a Chiapas, luego a Campeche y finalmente fueron establecidos por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), en el sur de Quintana Roo, repartidos Maya Balam, Kuchumatán y Caanlumil.

Lucia Francisco Jiménez, indígena “Quekchi” que vivía en las montañas de X-Can en Guatemala, recuerda el dolor que le provocó dejar sus tierras, trabajo, familia y hogar cuando huyo de la guerrilla.

“Éramos miles y mucha gente murió en el camino antes de llegar, dejé a varios familiares, de quienes después de 34 años no he vuelto a saber nada”.

En todo este tiempo, Lucia, madre de cuatro hijos, como cientos de habitantes de estas tres comunidades cuentan con un hogar, familia y trabajo, pero en condiciones de pobreza y marginación, reconocen ellos mismos.

“Las autoridades dicen que somos Mexicanos pero no, nos tratan como tal, ya tenemos nuestros papales con ayuda de algunas organizaciones civiles, todo lo demás nos lo dejaron  las Naciones Unidad. El Gobierno de Quintana Roo, nos ha apoyado con nada, así como las dejo ACNUR, así continuamos pese a los esfuerzos que hacemos”.

Enrique Marcos de León, delegado de la comunidad de Maya Balam, señaló que la única actividad económica es la siembra y cosecha maíz, Jamaica, cacahuate, limón y hortalizas que al igual que otras mujeres lleva a vender a la capital del estado desde las 4:00 de la mañana.

Reconoció aún quedan algunas personas que no han sido naturalizadas y permanecen en condiciones de “refugiados”, sin embargo, todos se mantienen respetuosos de las leyes que se rigen en la comunidad, (usos y costumbres).

“Tenemos nuestras propia cárcel, es una casa de madera con dos celdas, donde se encierran a las personas que se enjuician por cometer todo tipo de actos desde robos hasta agresiones y faltas a la moral. En caso de infidelidad normalmente la esposa pone la queja, anuncio con el perifoneo y vienen solos, se les enjuicia y si tiene para pagar multa, la paga, sino se encierra en la cárcel”.

Luego de la conclusión del programa de refugio guatemalteco en México, las cifras oficiales de ACNUR y de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) señalan que durante el éxodo de guatemaltecos a territorio mexicano a principio de la década de los ochenta ingresaron unos 46 mil, pero estadísticas como las del Servicio Jesuita a Refugiados, indican que fueron más de 100 mil

Entre 1984 y marzo de este año, ACNUR gastó 117 millones 894 mil 252 dólares en los asentamientos de refugiados que desde 1991 funcionó en él país y se retiró en noviembre de 1998 por falta de financiamiento, considerando que quienes optaron por la naturalización ya no serán refugiados.