Borra Facebook. Deja las redes sociales. Salte del mundo digital. Tres frases recientemente muy socorridas tras el desdeñable caso Cambridge Analytica (CA). Sin embargo, creo que carecen, o en el mejor de los casos, tienen poco sentido.

El mundo no puede detenerse en seco cada que un problema aparece en el horizonte. Ningún descubrimiento científico o social estuvo exento de problemas, dudas o malos usos, y muchos menos, a usos distintos a los que fue ideado, pues la mente humana puede encontrar mil y un formas de emplear una herramienta.

La realidad con el uso de los datos es mucho más completa que Facebook y CA. Prácticamente no hay forma de no generar una huella digital, pues todos, absolutamente todos los sitios de internet envían a otros sitios o servidores los datos que generamos al navegar en ellos, desde las “cookies” a las formas de llenado, dentro de cada página o aplicación hay vínculos que recopilan nuestros pasos e información que generamos. No hay forma impedirlo, ¿por qué? Porque ese es el negocio que verdaderamente mueve a internet.

Si algo aprendimos del caso Facebook-CA es que la información es el tesoro que mantiene vivas a las redes sociales. No son los link pagados, inserciones o pago por clic: es nuestra huella de navegación, los datos que, juntados con los de miles de millones de usuarios, ayudan a crear perfiles segmentados de usuario que se venden a empresas de estadística y estrategia. Y eso lo hacen todos los sitios lo quieran o no los usuarios.

Este modelo de negocio es tan antiguo como la misma web, pero evidentemente se potenció con el uso diario y exagerado de las redes sociales. Nadie está a salvo, a menos que no esté en internet, y eso a medias, pues las millones de personas con gustos y costumbres similares ya hicieron un perfil sobre esa persona “offline” que encontrará en la televisión, radio, partidos políticos, revistas y demás, información destinada para su grupo social: todo sin haber entrado nunca a Facebook o Twitter.

Toda obra humana es medible. Máxime, cuando somos propensos a comparar todo dentro y fuera de línea. Ese es el “secreto” y razón de que existan empresas como CA. ¿Cómo evitar que sea un problema? De la forma difícil: con una regulación digital no sólo más ad hoc a nuestros tiempos, sino con visión de futuro que permita prever, al menos en parte, el crecimiento de nuestras conductas digitales, esto para evitar que alguien cometa un abuso, o por lo menos, que sea más fácil detectarlo… al menos no tan exagerado como Minority Report y Judge Dreed.

Obviamente, el problema está en cómo crear reglas claras sin invadir aún más la privacidad del usuario y sus derechos digitales. Es evidente que dejar las cosas por la libre no funciona: la libertad por el simple hecho de serla, no crea más que esclavos. Imaginemos al internet sin reglas (casi como está ahora) y nos toparemos con que nadie rendirá cuentas sobre el uso de la información, pues no es “ilegal”, solo terriblemente “inmoral”, pero para poder usar esas palabras, alguien o algo tendría que definirlas primero. Y es exactamente eso lo que no queremos… aunque lo necesitemos.