Rafael R. Deustúa

 La última entrega de “50 sombras” es la mejor, lo cual no es mucho considerando las anteriores.

Sí, “50 sombras liberadas” se percibe como una mejor película... comparada con las anteriores entregas. Por un lado, porque ya no había ninguna expectativa, por otro, porque los realizadores ajustaron su narrativa y añaden algo de humor, a menos que fuera involuntario, pero aun así funciona.

Anastasia y Christian ya son esposos, lo cual no deja las esposas en el pasado, pero ahora deben aprender a convivir como matrimonio a partir de los asuntos más triviales y comunes para todas las parejas, desde un marido inútil en la cocina hasta un psicópata asesino amenazándolos.

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No es novedad que el libreto se queda corto, pues lo firma el marido de E.L. James, Niall Leonard, que dejó clara su capacidad desde la primera cinta. Siendo justos, la serie de novelas de “50 sombras” es la clásica fantasía romántica estadounidense cuya novedad y atractivo era el factor erótico-sadomasoquista, pero en las películas añadieron todo menos eso.

James Foley, que dirige otra vez, mantiene la misma dinámica de las anteriores entregas: básica y predecible. Sin embargo, ésta vez da la impresión que se toma menos en serio la trama y añade humor, un detalle simple, pero que hace más digerible la película.

“Ah, ¿Entonces no esperaban que creyéramos estos absurdos y exageraciones?”. Es significativo notar cuán fácil estos dramas eróticos podrían convertirse en comedias.

En actuaciones, ni siquiera casados Jamie Dornan y Dakota Johnson tienen química, pero son algo más entusiastas.

En realidad ella sale ganando, al pasar de ingenua a mujer ejecutiva y tener mejores frases, que él pasando de psicópata a marido con traumas infantiles. Siguen sin convencer, pero no se esperaba que mejoraran su trabajo.

Locaciones espectaculares, vestuario de diseñador, la dirección de arte de la cinta no tenía que hacer más esfuerzo que comprar revistas de moda y conseguir todo lo que vieran ahí. Sin llegar a ser un comercial, el filme es una recreación artificial de un ensueño millonario.

Un buen cierre para los fanáticos de los libros o las películas; el resto del mundo ya sabe a qué atenerse.