Rafael R. Deustúa/CINEDULCORAL
Cancún, Q. Roo.- En 2015 “Sicario” fué un filme polémico que mostraba a violentos agentes estadounidenses que hacían lo que querían en México mientras combatían a los carteles del narcotráfico. Se estrenó en Cannes y recibió elogios por mostrar un lado crudo y contrastante del combate al crímen inspirado por la violencia que hubo en Ciudad Juárez en 2010. La secuela carece de la inspiración de la original, solo conserva la violencia.

Tras un atentado jihadista en un supermercado de EUA, su gobierno autoriza la guerra sin restricciones a los carteles del narco que introducen terroristas a su país escondidos entre los migrantes. Matt Graver organiza un operativo para crear una guerra entre carteles que los debilite y llama a su viejo aliado Alejandro.

Aún cuando la premisa del filme es prometedora, su desarrollo se les va de las manos, aunque el director Stefano Sollima tiene más responsabilidad que el guionista Taylor Sheridan. Sheridan creó una buena trama general que se le desbarata en los detalles y algunos malos diálogos, Sollima fue incapaz de tomar esa historia y crear interés al contarla. Una mala decisión al final le quita validez al filme.

Sollima tiene buen ojo para la acción, las mejores secuencias del filme son las violentas y algunas son simplemente brutales. Su problema se da cuando intenta manejar el drama, para darle un sentido a la violencia -lo cuál fué el éxito de Denis Villeneuve en la primera cinta-, pues crea secuencias largas y de poco interés, a pesar del trabajo de sus actores.

En actuación Benicio Del Toro se luce, muestra un enorme cambio desde “Tráfico” en el 2000, en la que interpretó a un judicial mexicano que hablaba como portoriqueño; ahora sí trabajó su acento. Josh Brolin es una caricatura, no muestra expresiones de ningún tipo al grado de hacer ver a Thanos como todo un rol dramático. La chica Isabela Moner se defiende bastante bien trabajando en oposición a Del Toro.

La cinematografía de Dariusz Wolski imita la que se vió en el primer filme, que buscaba dar la sensación de un documental para acentuar el realismo y el impacto en la audiencia. Funciona hasta cierto punto.