El proceso electoral inició desde 2017 y ha continuado, tanto para las elección federal como para las estatal sin ninguna limitación legal, excepto para los independientes que transitaron y lo siguen haciendo ante el consejo general del Instituto Nacional Electoral (INE) como los institutos estatales u OPLES que no encuentran soluciones para responder ante las expectativas de los ciudadanos que demandan condiciones de igualdad para unos y otros.

Cierto que en el universo mexicano electoral nada ha cambiado, excepto que en las etapas concluidas se derramó mucha basura y se recrudece en la supuesta campaña oficial cuya diferencia no alcanzamos a definir; las tres coaliciones y la única independiente, hasta ahora, vienen denunciando la turbia vida y actos de sus oponentes mientras las encuestas, quizás aplicadas a modo, favorecen a la de Andrés López Obrador, pero no es difícil entender que un individuo que lleva 20 en campaña no supere por mucho a los candidatos Anaya y Meade o la de la Zavala que apenas obtuvo la venia del Consejo General del INE, aunque están pendientes multas y recursos en su contra.

Todos reclaman actos de ilegalidad de los contrarios, o sea basura y más basura; todos señalan que el ejercicio de cargos públicos se desempeñaron con afectación a la sociedad en general sin considerar que el presidencialismo es criminal y se ejerce de tal manera, que los secretarios de estado deberán someterse a la voluntad del habitante temporal de Los Pinos, o no serán nombrados.

Eso formará parte del estercolero que nos espera durante los 86 días que faltan para entrar al proceso de ¨reflexión¨, tres días antes del día de la votación; prensa, revistas, radio y televisión así como las redes sociales se verán saturadas del show de los candidatos a todos los puestos en competencia electoral, anunciando sus virtudes y compromisos que serán olvidados toda vez que protesten el cargo para después volver a usufructuar el poder y prepararse para saltar en la elección siguiente, esperando engañar nuevamente al electorado.

Quintana Roo no es ajeno a la situación expuesta, solamente que en la elección también se competirá por los once ayuntamientos que van provocando licencias y renuncias a cargos que ejercieron por menos de dos años; unos buscan Senadurías o diputaciones, otros, (pocos) la reelección, pero dejando colgada la responsabilidad y que la aventura y la falta de memoria ciudadana los favorezca.

La basura está ahí, la reciclada por la partidocracia y la de los ¨brincolines¨ buscando seguir pegados a la ubre presupuestal para continuar ofreciendo basura y estiércol; todo lo valen o intentan validarlo ante una sociedad sin politizar o apática que optará, el día de la votación, por inclinarse por quien convenza con ilusionismo que nuestro país saldrá del dominio del poder y la pobreza o miseria en un sexenio o trienio.

No, no podemos continuar en la¨ esperanza¨ por decenios y procesos electorales con espantosos dispendios de recursos humanos, materiales y financieros que tanto los partidos políticos como las autoridades federales y estatales así como las electorales usan en detrimento de salarios justos y con poder adquisitivo, empleos, educación, seguridad y desarrollo socioeconómico y no la demagogia mercadotécnica que mantiene la hegemonía de candidatos basura; esperamos que la ciudadanía despierte y razone su voto en términos de una decisión y que si nos equivocamos, cuando menos, nadie nos indujo a través del cohecho o amenaza; basura y estiércol y ¡AL TIEMPO!