Al puñado de militantes que aún le quedan al PRD en el sur del estado no lo calienta ni su sol azteca por las decisiones unilaterales de su dirigente estatal, Jorge Aguilar Osorio, quien con el afán de fortalecer los intereses de las tribus cancunenses ha cedido los espacios que le corresponden al partido en los municipios sureños al PAN y a los externos joaquinistas como moneda de cambio. 

Y es que cuando pensaban que el “cambio” les haría justicia, los perredistas de base que han sobrevivido a la extinción paulatina de ese partido en Chetumal y Bacalar se quedaron con un palmo de narices, sin posibilidad alguna de ocupar las posiciones más deseadas, pero no necesariamente merecida a la luz de su desempeño mediocre. 

Entre los principales damnificados está el secretario general del Ayuntamiento capitalino, Roger Peraza Tamayo, quien aspiraba a contender por la alcaldía de Chetumal, y el profesor Alejandro Castillo Aguilar, quien perseguía la candidatura en Bacalar. 

Sin embargo en las negociaciones de la coalición PAN-PRD-MC, para asegurar las candidaturas de Emiliano Ramos a la presidencia municipal de Cancún y de Julián Ricalde Magaña para el Senado, el PRD no opuso ninguna resistencia a que el PAN y su gallo perfilado, Fernando Zelaya, se quedara con la candidatura en la capital, y la ex priista joaquinista, Nelia Uc Sosa, tuviera mano en Bacalar. 

Con más resignación que ira, Roger Peraza hizo pública su molestia contra el líder estatal, pero al mismo tiempo dobló las manos y confirmó que se sumará al candidato que la coalición decida. Sus resultados como secretario general en el Ayuntamiento capitalino lo condenan al sacrificio. 

En la otra esquina, el intento de berrinche de Alejandro Castillo en Bacalar fue acallado de inmediato al recordarle el triste papel que corrió el PRD en las pasadas elecciones de 2016, donde él mismo operó para que la candidatura quedara en manos de su esposa, Candita del Rocío Ku Loría, quien ni con el efecto Carlos Joaquín pudo lograr una votación aceptable y fue condenada a un lejanísimo tercer lugar. 

A los malqueridos del sur no les quedó más que apechugar mientras vieron por enésima ocasión como las pocas oportunidades volaron a Cancún, donde el PRD ha fortalecido su bastión sacrificando a su anémica militancia en el resto del estado, condenada a otro período de hambruna de candidaturas.