Una densa nube de humo tóxico ha ensombrecido el arranque del gobierno relevista de la alcaldesa interina de la capital, la ex tesorera María Luisa Alcérreca Manzanero, quien la semana pasada recibió la estafeta de Luis Torres Llanes –en campaña como candidato a diputado federal– justo un día después del inicio de un voraz incendio en el basurero de Chetumal que por sus dimensiones tiene de rodillas a las autoridades. 

En menos de una semana el siniestro se ha extendido a lo largo de seis hectáreas del basurero según la información oficial –medios no oficiales señalan que la afectación cubre ocho hectáreas del relleno sanitario–, provocando una humareda dañina que ha empezado a causar enfermedades respiratorias en los habitantes de Chetumal y Calderitas. 

Los afectados culpan a la autoridad municipal de no haber realizado acciones de contención a tiempo provocando que el fuego creciera hasta el punto de la catástrofe, en apariencia imposible de resolver en el corto plazo por la falta de equipo y las dificultades técnicas. 

De pocas palabras y carácter muy duro, la sustituta de Torres Llanes ha evitado dar declaraciones sobre la conflagración, y ha sido el nuevo secretario general del Ayuntamiento, Fernando López Gutiérrez, quien ha salido a dar la cara para informar los pormenores del combate al siniestro, nada alentadores. 

El ex diputado local del PT que relevó al perredista Roger Peraza Tamayo aseguró hace un par de días que estiman extinguir el incendio en al menos dos semanas, tiempo que podría extenderse si las condiciones climáticas no ayudan. 

La Secretaría de Salud recomendó a los pobladores del norte de la ciudad –en particular a quienes viven en las colonias cercanas al basurero y que son los que más han resentido los efectos de la nube tóxica– evacuar la zona, sin tomar en cuenta que son alrededor de 50 mil habitantes en esa parte crítica. 

En voz baja los abnegados bomberos que están en la línea frontal del combate al incendio aseguran que en realidad el siniestro está fuera de control y que no cuentan con los elementos necesarios para apagarlo. Dicen que una lluvia es la única esperanza. 

Y mientras el basurero arde, la presión sobre la alcaldesa María Luisa Alcérreca también se intensifica, porque los chetumaleños no quieren pretextos ni explicaciones, sino resultados. ¡Vaya bola de humo que le dejó en las manos Luis Torres a su sucesora!