Se cumplen 24 años de que el Comité Clandestino Revolucionario Indígena - Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (CCRI-CG) envió un mensaje al pueblo de México y a los pueblos y gobiernos del mundo en el que exponía las tres demandas principales de su movimiento: libertad, democracia y justicia.

Ese mensaje, del 20 de enero de 1994, decía que “nuestra forma de lucha no es la única. Existen y tienen gran valor otras formas de lucha. El EZLN saluda el desarrollo honesto y consecuente de organizaciones independientes y progresistas que luchan por la libertad, la democracia y la justicia. No pretendemos ser la vanguardia histórica ni aglutinar bajo nuestra bandera zapatista a todos los mexicanos honestos. Ofrecemos nuestra bandera pero hay una más grande y poderosa bajo la que podemos cobijarnos todos: la de un movimiento revolucionario donde quepan las más diversas tendencias y formas de lucha pero solo exista una meta: libertad, democracia y justicia.

En octubre de 2017 conocimos a María de Jesús Patricio Martínez, vocera del Concejo Indígena de Gobierno, que con el respaldo del EZLN anunció su intención de participar en la contienda de 2018. Sorprendió, sí, pero en el fondo sabíamos que era justo que tuviera un lugar quien nos recordara que en México hay más que “pobres, clasemedieros y ricos”, una definición muy laxa por cierto. El México de los desposeídos, el México de quienes sufren hambre, frio y discriminación volvió a tener eco.

Días después, Marichuy declaró que “la tirada no es llegar a la presidencia sino ir más allá”. Asumía que no podría llegar pero “por primera vez una mujer indígena recorre el país para tratar de cambiarlo, con el apoyo de concejales de 52 pueblos originarios. Antes no existía el discurso indígena, éramos sólo campesinos. Con el levantamiento del EZLN en 1994 y el Congreso Nacional Indígena de 1996, eso cambió”. Ahora, quiere que no se nos olvide.

En efecto, Marichuy no llegará. ¿Qué pasará con nosotros?