El PRI quintanarroense es el mayor damnificado por la caída de su exgobernador presidiario Roberto Borge Angulo, con ondas expansivas en el tablero nacional. El despreciado cozumeleño es un tumor maligno que incomoda mucho a sus correligionarios que afilan las espadas para entrar en combate electoral, conscientes de que ahora el escenario es nebuloso y con muchas zonas color de hormiga.

Las morbosas imágenes de un Borge sometido y exhibido como ponzoñoso delincuente son la peor campaña para un priismo que no parte como favorito en la batalla por la presidencia, alcaldías, diputaciones federales y senadurías.

El Tricolor caribeño tendrá que seleccionar a sus gladiadores más mortíferos para no ser aplastado como cucaracha en los frentes donde tendrá candidatos, comenzando por la alcaldía capitalina que será seriamente disputada por Don Hernán Pastrana Pastrana (Morena) y probablemente por Fernando Zelaya Espinoza, diputado local del PAN.

La devaluada y maltratada capital tiene un peso simbólico y muy significativo por concentrar a los electores más rigurosos cuyos dardos aniquilaron al PRI, llevando en hombros al ex priista Carlos Joaquín González. Pero las condiciones políticas de 2018 son otras, al ser comparadas con 2016.

Las diputaciones federales y la senaduría asegurada para el PRI –obviamente a nivel candidatura– son monedas en el aire que pueden darle al Tricolor muy malas noticias si no se aplica a fondo, ya que las coaliciones encabezadas por Morena y PAN tendrán algunos factores favorables –con su difundida carga negativa– y olfatean la mayor vulnerabilidad de los candidatos del PRI de sur a norte.

Pero el efecto –más bien defecto– Beto Borge se propaga como un cáncer maligno, reactivando la furia de los electores que en la capital del estado mantienen cerradas las compuertas del olvido, postura que puede raspar al dirigente priista Raymundo King de la Rosa, un borgista chetumaleño que no participó en actos de corrupción y que en condiciones tan adversas pretende fortalecer su liderazgo y ser candidato al senado.

Beto Borge soñó con la senaduría que le corresponde al PRI, intentando seguir los pasos de Pedro Joaquín Coldwell y Félix González Canto, su creador; ahora será incómodo factor político desde prisión, con sus 38 años recién cumplidos.