Claudia Olavarría/SIPSE
CANCÚN, Quintana Roo. - Jesús Aguilera Hernández llegó a Cancún en 1975 atraído por el abundante trabajo que había en la ciudad, pero con la promesa de regresar a la Ciudad de México para casarse.

El perder su trabajo en la capital del país, permitió que Aguilera Hernández llegara a Cancún, un destino de playas del que la principal referencia era el trabajo en abundancia.

También te puede interesar: Édgar Ruiz encontró en Cancún todo lo que buscaba

“Al principio fue muy difícil establecerse aquí, porque para mí era un tanto inseguro el trabajo, así que decidí regresarme y dos meses después estuve de vuelta y conseguí empleo en la tienda de importaciones El Parador, que era del hotel que lleva el mismo nombre, ubicando en la avenida Tulum”, recordó el entrevistado.

"Vimos formarse a la ciudad, las calles eran brechas, lo mismo que la avenida Tulum". (Ivett Ycos/SIPSE)

Trabajó por dos meses como empleado de mostrador, ya que en el hotel Plaza Caribe solicitaban personal y mejores condiciones laborales, ahí laboró cerca de tres meses, porque el trabajo no era de ocho horas como ahora, sino que en ocasiones los trabajadores no salían del hotel en varios días por el excesivo turismo que había, y la escasa mano de obra.

La zona hotelera iniciaba su auge a finales de 1975 y se fue al hotel Camino Real como mesero, una profesión de la que no sabía nada, para luego conocer desde el plano laboral la vida nocturna de Cancún.

A formar una familia en el Caribe

La oportunidad laboral hizo que regresara a la Ciudad de México por su novia, para cumplir la promesa del matrimonio y luego la trajo a Cancún, donde decidieron echar raíces.

“Vimos formarse a la ciudad, las calles eran brechas, lo mismo que la avenida Tulum, la parte pavimentada en la zona hotelera llegaba hasta el Puente Calinda, y después todo era terracería, vi el inicio de la zona hotelera de Cancún”, recalcó el entrevistado.

"La parte pavimentada en la zona hotelera llegaba hasta el Puente Calinda, y después todo era terracería".

Con una sonrisa, recordó que la mayoría de las cosas que aquí había era de importación, que venía a través de barcos, uno de ellos de la empresa Walt Disney que llegaba a Cozumel y los productos los bajaba a Isla Mujeres, donde la gente compraba juguetes, pañales desechables y muchas cosas más, porque no eran productos netamente de Estados Unidos sino de Europa también.

Hoteles como Camino Real, Aristos y Presidente construyeron casas para sus empleados, el Playa Blanca igual tenía galerones para sus trabajadores.

El grueso de la población y el desarrollo de la ciudad iniciaron en las supermanzanas 22 y 23, para luego expandirse hacia otros puntos como la manzana 3.

“Llegué a ver todo desde el inicio, Cancún nos ha dado mucho,
y con la familia viajé para conocer". (Ivett Ycos/SIPSE)

La familia del entrevistado recordó que la diversión era sana y segura, los niños tenían contacto directo con la naturaleza, había convivencia y seguridad, algo que se ha perdido y que los pobladores extrañan.

En lo que hoy son oficinas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) sobre la avenida Tulum se ubicaba la clínica rural del instituto; para comunicarse con el centro del país, acudían a las casetas de teléfonos.

“Llegué a ver todo desde el inicio, Cancún nos ha dado mucho, y con la familia viajé para conocer Cozumel, Isla Mujeres, Tulum, Cobá y todos los lugares y atractivos turísticos antes que llegara la gente de forma masiva”, explicó.

Lugares como el hotel Carrillo, El Parador y Plaza Caribe aún operan, mientras que de otros sólo permanecen las construcciones, pero es otro el giro.