Haber triunfado en las elecciones del domingo anterior no representa para los ganadores ningún “pase automático” para los comicios intermedios del 2019 y mucho menos para los “sueños” sucesorios para 2022, pues la legalidad sin duda acompaña a los futuros alcaldes, pero en promedio fueron electos apenas por el diez por ciento del universo de electores, así que la legitimidad aun tendrán que construirla.

 Por ejemplo, si se juntan los municipios que gobernará Morena, ese partido gobernará más de tres cuartas partes de la población del estado, pero el universo de ciudadanos que votaron por quienes serán alcaldes es muy reducido, pues Mara Lezama –que gobernará Benito Juárez- obtuvo, por ejemplo  162 mil 670 votos, poco más del diez por ciento…pero gobernará para el millón de habitantes que habita Cancún, luego entonces, construir la legitimidad de su gestión y mantenerla será la tarea.

 Claro, si se ponen en perspectiva los números no son nada despreciables, sobre todo si se considera que Carlos Joaquín González obtuvo, en 2016, doscientos mil 832 votos y ello le alcanzó para hacerse de la gubernatura; es decir, apenas 38 mil 162 más que los de Mara Lezama que gobernará el municipio más poblado de Quintana Roo, el más importante económicamente hablando, el más destacado a nivel nacional en materia turística. Sí, pero aun así la legitimidad de la gestión es el tema, pues como fue de impactante la “ola” de Morena en sentido positivo, si las promesas no se cumplen la decepción puede ser de la misma intensidad, pero evidentemente en sentido contrario.

 El electorado del estado ha tenido una evolución impresionante en pocos años, particularmente en el sur, en donde ha entendido el valor del sufragio y lo ha aplicado en su beneficio; falta sin embargo la construcción de un régimen en el que la gobernanza sea una condición indispensable para el mantenimiento de los gobiernos; es decir, que el involucramiento del ciudadano en las acciones de gobierno sean una tarea permanente, que se tenga la posibilidad no sólo de observar las “buenas acciones” y recibir las consecuencia de su instrumentación, sino que pueda con sus decisiones moldear las políticas públicas y cancelas aquellas que le sean gravosas.

 La tarea pues es para todos los alcaldes, trabajar, construir con sus ciudadanos regímenes legítimos, cumplir lo prometido –vaya que eso sería novedad-, preocuparse por dejar una administración mejor que la que reciben, mejorar los servicios públicos, que de manera general son el peor lastre en la once alcaldías, abatir junto con el gobierno estatal la inseguridad y hacer de Quintana Roo, en concreto, un mejor lugar para vivir; de las futuras elecciones ya podrán ocuparse cuando cumplan al exigente elector que no dudará ahora en manifestar en las urnas la satisfacción de lo recibido, así se observa desde aquí, A Tiro de Piedra. Nos leemos en la próxima.