A un ritmo fulminante ayer fue nombrada como delegada de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) la priista chetumaleña Rosario Ortiz Yeladaqui, en la congeladora desde que renunció a la Oficialía Mayor en marzo de 2016, en la recta final del fallido gobierno de Roberto Borge Angulo.

Como de costumbre, el nombramiento de la ex Presidenta de la Gran Comisión del Congreso fue realizado sin consultar ni notificar al gobierno de Carlos Joaquín González, tal como ocurrió al sembrar al denunciado ex alcalde de Cozumel, Fredy Marrufo Martín, al frente de la delegación de la Sedatu, lo que motivó un reclamo público del mandatario estatal por la falta de respeto de las autoridades federales.

Y es que la experimentada chetumaleña Rosario Ortiz, a pesar de su intento deliberado de mantener un bajo perfil, no ha logrado quitarse del todo el cochambre que le dejó su paso por la Oficialía Mayor en el gobierno anterior, desde donde fueron operadas decenas de mega transas con la asignación de licitaciones y compras “fantasma”, las cuales están siendo investigadas a paso de tortuga por la Secretaría de la Contraloría.

Tampoco ha pasado desapercibido para quienes les gusta leer entre líneas que el ex gobernador y senador, Félix González Canto, reapareció en redes sociales tras el escandaloso choque del pasado ocho de octubre con Julián Ricalde Magaña con una fotografía en la que se le vio compartiendo a solas el café con pan con Rosario Ortiz.

El hecho es que, sin decir agua va, este martes la afortunada ex alcaldesa chetumaleña tomó posesión de esa deseada posición federal que permanecía acéfala desde la renuncia en mayo pasado de Marybel Villegas Canché, ahora aspirante a la senaduría de Morena.

El llamativo nombramiento de Charito Ortiz realizado justo en la antesala del proceso electoral de 2018 sacudió las aguas en el ambiente político, pues Rosario Ortiz es una priista con amplias tablas que ha participado en infinidad de batallas electorales y conoce el juego a la perfección, por lo que se olfatea una motivación de estrategia combativa del PRI en su designación, pues el Tricolor no ha tirado la toalla en la batalla por la presidencia de la República.

Por lo pronto, Rosario Ortiz está de regreso a los primeros planos de la política y en posición de lujo, más valiosa porque su partido fue expulsado de la gubernatura y la alcaldía capitalina, silla que estuvo en sus manos de 1990 a 1993.