Acabo de leer una interesante entrevista del empresario editorial Jorge Fontevecchia al economista Jeffrey Sachs, en Argentina.

Lo que dice podrá hacerle levantar la ceja, pero vale la pena entender la esencia de su análisis: “En general, la idea del apoyo social condicional básico es una buena idea”.

La frase también está en su libro El fin de la pobreza. Para el profesor de Harvard, en un mundo con más riqueza que nunca, este tipo de pobreza debería desaparecer para 2025. Alguien que vive en pobreza extrema no satisface sus necesidades básicas: alimentación adecuada, acceso a agua potable, a saneamiento o a servicios básicos como la electricidad, así como falta de atención sanitaria.

¿Cómo estamos en México? Según los últimos datos de Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), entre 2008 y 2016 había 53.4 millones de personas en situación de pobreza y otras 9.4 millones en pobreza extrema. Si bien hubo una disminución de 2.9 millones de personas en este último grupo, no se redujeron la mayoría de sus carencias sociales, siendo los dos factores más rezagados la seguridad social y ni más ni menos que la comida. “El acceso a la alimentación no tuvo cambios en este periodo. En 2016 había 24.6 millones de personas con esta carencia”, dice el Coneval, refiriéndose a casi 20 por ciento de la población.

—“El fin de la pobreza apelando a la ayuda y el asistencialismo genera al mismo tiempo un estancamiento, porque le quita a la persona o un conjunto de ellas la necesidad de desarrollarse por sus propios medios y evolucionar”, plantea Fontevecchia al economista, quien arremete:

—“La idea de que si se ayuda demasiado a los pobres se les quita el poder a los ricos, o que se quitan las motivaciones de los pobres es, en mi opinión, una ideología cruel del siglo XIX, llamada darwinismo social. Es una visión muy equivocada. Claro que los incentivos importan, pero si los ricos pagan impuestos, dicen mis observaciones y la historia, aún tienen incentivos para ganar dinero, no detienen el esfuerzo. Y si se ayuda a los pobres con asistencia sanitaria y buena educación, se les da una gran ayuda. Lo que margina a los pobres es el hambre, la falta de educación, la desesperanza. Ayudar a los pobres de ninguna manera es quitarles ningún incentivo”.

El hambre nos fuerza a tomar decisiones equivocadas, como no mandar a los niños a la escuela para que aporten económicamente de alguna manera a la mesa familiar.

Eldar Shafir y Sendhil Mullainathan (un psicólogo de Princeton y un economista de Harvard) en su libro Escasez ¿por qué tener poco significa tanto? recomiendan: Si quiere entender a los pobres, imagínese pasar el día con solo el 30 por ciento de su mente.

Así están hoy 1 de cada 5 mexicanos.