Mi padre siempre decía que podíamos identificar a un verdadero artista con una simple señal en su comportamiento: este había reprobada la materia de tarifas. Es tan artista que no le importa aparentemente el dinero aunque lo necesite y cobra barato o te regala su trabajo o sólo quiere un espacio en donde trabajar y demás importantes señales.

Por ello el artista que reconoce estas carencias comerciales natas, siempre acude a un personaje criticado, alabado, destrozado, loado y siempre polémico. El representante.

Alguien que por un porcentaje vende su trabajo. Los músicos o cantantes consiguen fechas, eventos y los mantiene en constante movimiento con dinero de por medio.

Al escultor y artista plástico lo mantiene en exposiciones, conferencias, venta de obra y la carencia de efectivo se termina.

Ahora no crean que al primer representante se consigue el matrimonio perfecto (y menos en donde existen muchos doctores en ciencias ocultas como Quintana Roo), pero no se debe ceder en el empeño.

Un representante permite que el artista se dedique a lo que sí sabe y así haciendo cada quien lo suyo serán felices.

El problema es cuando el artista se entera de que vendió su obra en 400 y a él sólo le dio 100; pero cuando le preguntas al artista cuanto quería por su obra te contesta que 100.

Si quieres vender tu libro en la tienda de los tecolotes, te cobran el 50% del costo del libro, si venden uno de tus cuadros en una galería te cobrarán entre el 40 al 50% del valor.

El representante te mantendrá en constante movimiento haciendo que la caja registradora esté sonando. Mi madre les llamaba “repretransantes” y me decía que no era un mal necesario, era un bien imprescindible en cualquier artista, porque un artista es un empresario como tal aunque él no se dé cuenta y una empresa se maneja entre varios y en este caso el jefe es el representante y lo único que se tiene que hacer es hacerle caso.

Si el artista gana el representante gana, que a diferencia del artista no trabaja gratis y recordemos que el trabajar gratis es de mala suerte. Hasta la próxima semana.