Apaleado en la gran guerra del cinco de junio de 2016, el PRI se ha reorganizado en la capital del estado con un gran ingrediente: la unidad, un ave rarísima en numerosos atardeceres tricolores. Entonces el “ex partidazo” tuvo todos los hilos de la política, comenzando por la gubernatura que habitó desde 1975, cuando Don Jesús Martínez Ross vino, contempló y venció como caribeño Julio César.

En estos momentos el PRI cuenta con dos cartas muy sólidas y altamente competitivas: María Hadad Castillo y Luis Alamilla Villanueva, quienes han tomado significativa ventaja en la batalla interna por la candidatura a la presidencia municipal de Othón P. Blanco, en manos del ex priista Luis Torres Llanes.

María Hadad y Luis Alamilla son opciones frescas que no fueron alcanzadas por el desprestigio cancerígeno del gobierno de Roberto Borge Angulo, quien dominado por la locura arrastró a su partido a la derrota.

PAN y PRD han despilfarrado el enorme capital político del gobernador Carlos Joaquín González, cuyo equipo –con sus notables excepciones– no ha estado a la altura. Y las figuras más visibles de esta dupla partidista repleta de incongruencia han defraudado a pasto, retrocediendo en aceptación popular sobre todo en Chetumal.

María Hadad es una mujer política con carácter e inteligencia; muchas recuerdan que votó contra la Ley Antiaborto aquel 22 de abril de 2009 –en el gobierno del priista Félix González Canto–, cuando 13 de los 14 diputados locales del PRI le dieron luz verde. María Hadad sostuvo que tal ley era un “retroceso”, postura que la hizo conquistar admiración a manos llenas, ya que en contados episodios un diputado se aparta de la línea partidista por la mal entendida disciplina.

Luis Alamilla Villanueva tiene mucho camino recorrido en la burocracia y la arena política; es sobrino del ex gobernador Mario Villanueva Madrid y ha avanzado con argumentos propios y trabajo incesante.

El reporte fresco revela que el PRI se inclinará por Mary Hadad o por Luis Alamilla, declarándose listo para la batalla por la recuperación del Ayuntamiento capitalino, ya sin la influencia del efecto Carlos Joaquín que como un huracán fulminó al PRI prepotente de Roberto Borge.