Eva Murillo/SIPSE
CANCÚN, Q. Roo.- “Por tratar de hacer la diferencia, por buscar justicia, por defender mis derechos, por simplemente defenderme, terminé en la cárcel, por todo eso hoy no sabría qué decir a todas las mujeres que son violentadas. Es irónico, es increíble, es doloroso, es muy fuerte que haya pagado con mi libertad haber denunciado la violencia que viví”.

María José ‘N’ ya no cree en la justicia, lleva siete años librando batallas contra quien aún es su esposo. La pesadilla empezó a los tres años de matrimonio, cuando él cambió la estrategia de hombre enamorado, pero controlador, a la de violento, y recrudeció cuando ella decidió abandonarlo, al grado de haberla acusado de un robo y meterla a la cárcel.

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El 25 de noviembre fue instaurado como Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, luego del asesinato de tres activistas políticas en la República Dominicana en 1960. Ahora la pregunta es: ¿Se ha logrado eliminar la violencia contra la mujer?

Miel y dulzura

Con voz fuerte, matizada con tonos irónicos, María José recuerda cómo fueron los primeros años al lado de quien le juró amor y al paso de los años acabó con su paz y la de su familia.

Ella tenía 25 años al iniciar una relación sentimental con Baltazar Díaz Díaz, su ginecólogo, 19 años mayor, a quien conocía desde 10 años atrás, cuando era solo su paciente.

Él conquistó a María José y la familia completa con su caballerosidad, dulzura, buen trato e inteligencia. Era el hombre perfecto para la segunda de tres hermanas.

Parecía necesitado de mucho amor, recordó, llevaba tres años divorciado y durante ese tiempo los pleitos legales con su ex pareja y sus hijos no cesaron. Aun así no se encendieron los focos rojos que la alertaran.

Yo me casé con él convencida de que sería para siempre. Estaba enamorada. Me convertí casi en la mamá de sus hijos menores, los atendía y llevaba a la escuela, lo hacía con mucho amor porque era mi manera de demostrarle que contaba conmigo”.

Me gustaba que quisiera que siempre estuviera con él, a veces tenía cirugías en la noche y me llevaba, mientras él operaba yo estaba afuera esperándolo por horas, sacaba un libro para que las horas fueran menos lentas, recordó.

El buen trato empieza a romperse

La diaria convivencia con los hijos de su esposo, despertó el instinto maternal en María José y externó su deseo de convertirse en madre de un hijo propio.

La etapa de dulzura empezó a esfumarse cuando intentaron ser padres. Él se había hecho la vasectomía, pero con sus conocimientos como ginecólogo le aseguró que podía revertirse la operación y en caso de no poder engendrar naturalmente, lo harían a través de inseminaciones.

Por varios años lo intentaron y cada vez que el procedimiento fallaba él se ponía violento, se enojaba y rompía cosas, mientras que María José optaba por salirse de casa para darle tiempo a calmarse.

Los fracasos de los procedimientos de inseminación eran la excusa para que él la acusara de ser la culpable de no poder tener hijos, pues le aseguraba que era la infértil. “Aprovechaba la enorme ilusión que tenía por convertirme en madre para hacerme sentir la culpable del fallo de los tratamientos médicos”, señaló.

La última vez que lo intentaron, María José ya no quería, sentía que no era el momento, pues estaba atravesando por una etapa difícil de salud con su mamá, sus proyectos empresariales tenían dificultades y le propuso esperar un año para hacerlo de nuevo. Él no quiso.

Una vez más no quedó embarazada. Los insultos volvieron. La sorpresa de ella crecía, él ya no era la persona con quien se había casado.

“Ahí fue la primera vez que me agredió físicamente. Cuando le dije que tenía sangrado me empujó en la escalera, pero lo enfrenté y le dejé en claro que podía aguantar lo que fuera, que ya había hecho por él todo lo que me había pedido, pero que jamás volviera a tocarme y tratarme así”.

Tras la actitud de ella, él lanzó la amenaza: tú no me vas a dejar y si lo haces no te dejaré vivir.

María José y su esposo iniciaron terapia de pareja, en la que el diagnóstico fue que él necesitaba sanar problemas relacionados con mujeres que, en su momento, fueron importantes en su vida.

Tras varias sesiones y una aparente buena relación, incluso íntima, una mañana mientras él estaba en el consultorio, María José recibió un sobre que contenía una demanda de nulidad de matrimonio hecha por su esposo.

Al pedirle una explicación, él le respondió que era una muestra de lo que era capaz y tras hablar fueron ante un abogado para que se desistiera de la demanda, pues él argumentó que “ella ya había entendido lo que él quería que entendiera”.

Para ese momento, María José aun no comprendía que estaba siendo violentada, estaba concentrada en salvar su matrimonio.

Ahora recuerdo todo y me doy cuenta que habían flashes de alerta, pero nunca vi venir lo que después ocurrió”.

Una mañana fue a su consultorio para que firmara documentos del negocio que estaba a nombre de él, pero que la inversión para llevarlo a cabo y mantenerlo en operación era de María José y su familia.

“Ese día Baltazar no estaba en el consultorio, las pacientes estaban esperando desde hace horas, cuando le di los documentos los rompió y me agarró de los brazos, azotó contra la puerta y me dio dos golpes con el puño cerrado en la cara”.

Acude ante las autoridades

Como mujer que creía en la justicia, el 11 de enero del 2013 acudió ante las autoridades para poner una demanda por violencia, por lo que fue abierta la averiguación previa AP/ZN/CAN/FEAM/20-1-2013 que posteriormente fue consignada ante el Juzgado Primero de lo Penal en Cancún y dio origen a la causa penal 284/2013 que derivó en una orden de aprehensión contra Baltazar Díaz, quien la libró, gracias al amparo indirecto 1183/2013, pero tras dejar una garantía de 20 mil pesos se le permitió enfrentar el proceso en libertad siempre y cuando se presente a firmar cada 15 días ante el Juzgado Primero Penal.

Luego de dar el paso y llena de miedo decidió salirse de la casa, pero pensando en que él la buscaría para arreglar las cosas o quizá habría un divorcio civilizado.

“Yo de verdad creía que en la Procuraduría de verdad ayudaban a la mujer…”, dijo en tono triste.

Al no haber arreglo, María José puso la denuncia de divorcio en la que pidió una pensión, que fue aprobada a favor de ella, además de que la casa en que vivía le correspondía.

La pesadilla empezaba

El negocio que funcionaba con una concesión de guardería a nombre de su esposo y operaba en una construcción a nombre de ella, acabó 100% en manos de él, mientras que María José y su familia veían como perdían el fruto del esfuerzo que les llevó años lograr.

Luego de casi tres años de enfrentamientos legales, en los que ella, aseguró, intentó llegar a un acuerdo conciliatorio pero justo, que consistía en que él aceptara pagarle renta por usar el edificio en donde funcionaba el negocio, le diagnostican cáncer en un riñón y viajó a México para llevar un tratamiento.

Cuando habían pasado semanas de haberse sometido a una cirugía para que le extrajeran el tumor que le detectaron, regresó a Cancún a pasar la Navidad y por un citatorio enviado por el departamento de defensa de la mujer de la Procuraduría acudió a las instalaciones de esa dependencia.

“En lugar de atenderme, dos judiciales me detuvieron y me dijeron que estaba acusada por mi esposo del robo de más de 400 mil pesos en fechas que yo recién había salido del hospital y estaba en México”.

La denuncia por robo fue interpuesta el 8 de septiembre del 2015, la consignación de la averiguación previa se dio el 1 de octubre del 2015 y dio origen a la causa penal 455/2015, el 21 de octubre del 2015 se giró la orden de aprehensión y se ejecutó en 8 de diciembre.

El 14 de diciembre del 2015, el juez dictó auto de formal prisión contra María José.

Conocí la parte humana de quienes supuestamente no la tienen

La actitud valiente que durante la entrevista mostró María José se esfumó al llegar a este punto de su historia. La voz se le quebró, las lágrimas brotaron sin poderlas contener.

Durante los cinco meses que María José estuvo encarcelada, cada día se cuestionó qué le había hecho a su esposo para que la haya metido a la cárcel acusándola de un delito que no cometió.

No entendía y aun no logra entender por qué si ella lo ayudó siempre, él fuera capaz de fabricarle acusaciones sabiendo que estaba en recuperación del cáncer.

Las personas que compartían la cárcel con ella la apoyaron, la trataron bien, incluso la bautizaron como la ‘Magdalena’, pues no dejaba de llorar.

Afuera, su mamá movía cielo, mar y tierra para ver libre a su hija, hasta que un juez decidió leer su caso, observar las pruebas de inocencia que contenía la carpeta y finalmente dictó auto de libertad por falta de elementos para procesarla y durante la madrugada del 24 de mayo, María José recuperó su libertad física.

Proceso de recuperación

Sabe que tiene que perdonar, pero todavía desconoce cómo poder lograrlo, sobre todo porque el desconcierto y la tristeza la invaden al preguntarse por qué su esposo es capaz de dañarla a tal grado de que tiene que vivir lejos de su familia, no tener un domicilio fijo ante el miedo de que la localice y atente contra su vida.

“Ya puedo dormir más, aunque a veces tengo sueños feos; estoy tratando de reorganizar mi vida, pero tengo sentimientos encontrados, porque debo perdonar pero me está resultando difícil lograrlo”.

Con el apoyo de su mamá, principal pilar en la vida de María José, seguirá reclamando legalmente las cosas materiales que con trabajo logró obtener y que su esposo le ha quitado, pero está consciente de que la lucha más importante y que no puede perder, es la de recuperar a la mujer emprendedora, alegre y feliz que era.