A pesar de que las redes sociales han influido en casi todos los aspectos de la vida de los mexicanos, cierto es que en un punto no han tenido la relevancia positiva que se necesita. Si hablamos de política (la de verdad) nos topamos con la triste realidad: en México no tenemos referentes digitales.

Fuera de “El Pulso de la República” del buen @ChumelTorres, no hay influencers mexicanos que se arriesguen a trascender de los temas banales, cinematográficos o de socialité, por ende, perdemos una oportunidad para encaminar a los jóvenes de la era digital hacia los trascendentales tópicos de la política que están en juego para el 2018.

Es bien sabido que a nuestros ciudadanos de redes sociales no se les llega de la misma manera que a quienes están fuera de línea, la forma de expresarse y mostrar la información es, sino muy distinta, sí menos rebuscada que en los medios tradicionales, y tal vez por ello no tengamos más referencias que “El Pulso…” si buscamos personajes en redes sociales que nos ayuden a difundir la política para estas generaciones, tan susceptibles y delicadas.

Incluso, aún Chumel Torres no es una opción totalmente objetiva, pues es claro que conoce de qué lado twittea la iguana y ofrece un ameno programa pero con tinte burlón, satírico y que de tanta broma, los usuarios encuentran más diversión que entendimiento sobre lo que ocurre en el país. Claro, no por ello deja de ser una propuesta bien planteada y enfocada a su público, tan es así, que en HBO no tuvo el éxito que se esperaba porque no contaba con la misma libertad que en los medios digitales.

La necesidad de influencers en política está en la diversidad. Hoy en día, con las precampañas encima, las redes sociales se saturarán de temas políticos y de coyuntura (como le llaman) pero desde el lenguaje de la retórica, las promesas simples y discursos dirigidos a las audiencias fuera de línea. Para los ciudadanos digitales, sean millennials o xennials, la red no será de fiar y ante la falta de referentes que les hablen en su idioma, le dejarán la estafeta a los aspirantes y sus hordas de seguidores, allanando el camino a la cargada digital, esa que en anteriores elecciones se encargó de hacer pedazos a los usuarios que no comulgaban con su candidato.

Nos hacen falta influencers que ayuden a las nuevas generaciones digitales a entender el quehacer político nacional más allá de las burlas al presidente, candidatos o secretarios con mal tino para los discursos. Medios que permitan a los ciudadanos digitales de hoy, conocer no sólo el presente sino el pasado de nuestro sistema de gobierno para no caer en los mismos errores, pues no pocas veces descubrimos que los jóvenes, tan metidos en los medios de difusión, desconocen quiénes fueron los responsables de la sempiterna crisis económica de los 80 y 90; del Efecto Tequila, del despilfarro y arrogancia presidenciales que sumieron al país en lo que es hoy: una sociedad esquiva, indiferente ante el tejemaneje de los políticos.

Para que la nefasta y trágica historia política de nuestro país no se repita, necesitamos nuevas formas de contarla.