En la época de la posverdad, la palabra en español para las #fakenews y sus efectos, los que más duele reconocer no es tanto la simpleza de nuestra ingenuidad, sino la tenacidad con que la defendemos.

Desde que las redes sociales se hicieron de presencia entre los medios de comunicación y difusión, el potencial para movilizar conciencias se hizo presente en la mente de quienes manejan los hilos del poder. En esta singular época de “intercampañas”, después de la falacia que fueron las “precampañas” y antes de que los mexicanos suframos de aburrimiento con las campañas en toda la forma, son las redes las que están dando la nota dura, esa que mueve y altera las encuestas.

El caso que tiene a @RicardoAnayaC ‘contra las cuerdas digitales’ es un claro ejemplo, en cierto modo, de como un aspirante-candidato-suspirante puede vérselas ‘negras’ si no tiene una estrategia de contención en las redes sociales. Todo el escándalo sobre los supuestos actos de lavado de dinero logró su lugar en los medios de comunicación no solamente por la veracidad o no en sí misma, sino porque los bots y usuarios pagados por sus adversarios hicieron que la acusación sea una ‘verdad digital’: una tendencia que alcanzó los primeros lugares, independientemente de si es real o no.

Con las tendencias al alza, poco importa si el aspirante presidencial es culpable o no, pues el objetivo real es el descrédito, sembrar la duda y bajarlo de la nube, máxime cuando, torpemente, tal parece que su equipo no cuenta con una base sólida en las redes sociales que lo defienda.

Por ejemplo, sabemos que cuando una tendencia golpea la figura de @lopezobrador_, de inmediato se enfrentan las huestes de cada lado, y si bien a veces no logra pararse en seco el “trending topic”, por lo menos se equilibra o minimiza su influencia gracias al ejército de apologistas de El Peje que batean tweet a tweet los bulos o chistes contra él. Sí, es una estrategia bastante simple, pero es la única que realmente funciona cuando las cosas se ponen feas en Twitter o Facebook: pensar que sólo con declaraciones de prensa se puede sacar ventaja en las redes, es vivir en el pasado.

Por otro lado, y más lamentable que la pobre defensa de Anaya en internet, está la ingenuidad, credulidad y tozudez natural de los mexicanos dentro y fuera de línea, características que nos hacen vulnerables ante las #fakenews y sus efectos. Si nos burlábamos de los gringos que se creyeron las notas falsas y sensacionalistas lanzadas desde Rusia, ¿qué podemos decir de nosotros? Creemos a pie juntillas en absolutamente todo lo que leemos en redes sociales, sea bueno o malo, le damos el crédito suficiente para alterar o reforzar nuestras convicciones, hasta que llega otro dato que lo anula.

Esta tozudez, por decirlo en una palabra sencilla, es el principal riesgo que corre el país en estos tiempos electorales. Dejemos un momento de lado la trama rusa y los bots patrocinados por Putin: más allá de ellos estamos nosotros, crédulos y necios, para empantanar un proceso electoral con las mentiras y manipulaciones creadas en internet.
Si antes el partido en el poder hacía circular panfletos en las regiones de Cancún para desacreditar a los opositores, hoy sólo tiene que lanzar un “tweet” con algo así como “¡Mira el último escándalo de fulanito!” o “Ellos votaron por menganito ¡mira lo que les paso!”, y ¡pum! En un dos por tres su ejército de bots lo hace tendencia, y con ello, en una verdad indiscutible.