Redacción/SIPSE
CANCÚN, Q. Roo.- Dos niños, de 11 y nueve años, se sumaron a la lista de menores que han perdido a su mamá o papá en hechos violentos ocurridos en Cancún, ellos estaban bajo el cuidado solo de su padre, asesinado presuntamente por error la madrugada del martes.

El asesinato del albañil, que encontró la muerte cuando salió a la tienda de conveniencia para comprar frijoles y cenar, dejó en la orfandad a cuatro menores de edad, dos de ellos vivían con él y los demás al cuidado de personas cercanas a la familia, quienes recibían dinero para los gastos de los niños.

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La noche en que ocurrieron los hechos, sus hijos, sin haber sido informados de la suerte de su papá, fueron llevados a las instalaciones del DIF municipal, en donde permanecen bajo resguardo, recibiendo atención psicológica, alimentos y techo.

Érika Camacho, directora del organismo, dijo que mientras la Fiscalía General del Estado (FGE) realiza las investigaciones correspondientes en torno al asesinato del padre de los menores, ellos buscan familiares que estén en condiciones de fungir como red de apoyo y hacerse cargo de los niños.

“Solo nos los remitieron para brindarles apoyo mientras aparece algún familiar que pueda fungir como red de apoyo”, dijo la directora del DIF municipal.

El futuro de estos cuatro menores es incierto, ya que la mamá se alejó dejándoles al cuidado de su padre quien trabajando como albañil los mantenía.

Cifras dadas por el DIF estatal, señalaron que del 2017 a la fecha van tres casos de menores de edad que quedan en la orfandad al perder a su mamá o papá en hechos violentos, los cuales han sido entregados a familiares cercanos.

“En estos casos los niños son entregados a cualquier familiar que quiera hacerse cargo de ellos, pueden ser abuelos, tíos o tías, algún familiar consanguíneo”, comentó María Elba Carranza, directora del DIF estatal.

El psicólogo Soilo Salazar, explicó que el impacto de perder a un padre en un hecho violento es mayor a cuando muere por causas naturales y dejará secuelas, que varían de una persona a otra, como resentimiento al grado de volverse violento y vengativo, presentar aislamiento y depresión.