El señor que dirige la selección mexicana sacó una lista “preliminar” para competir en la Copa Mundial de Rusia. La lista era más larga que la Cuaresma, cosa que por cierto no hacen otros equipos, que dicen los que quieren llevar y ya está.

Pero ya sabemos: esto es futbol y Femexfut, todo es raro, es el lugar que los que descienden no descienden, gracias a una lana, y los que ascienden no ascienden, nomás porque no.

Es nuestro fútbol del pacto de caballeros, cualquier cosa que eso quiera decir, es el futbol de la multipropiedad —oye FIFA, nos vales madre—; el futbol ese, pues… el nuestro.

Pues en aquella larga lista apareció Rafa Márquez.

Primero lo primero: yo creo que Rafa es el mejor jugador mexicano de la historia. Por mucho. No solo lo digo yo, lo dicen sus títulos.

Ahora, todo por servir se acaba. Rafa ya se retiró formalmente de las canchas no sin antes hacer un largo recorrido intrascendente por varios equipos. A los deportistas les cuesta mucho decir: ya estuvo.

Pues Osorio puso a Rafa en su lista, como si nos sobraran lugares para competir en serio en Rusia.

Pero luego lo llevan al primer entrenamiento y le dan una camiseta diferente a la de sus compañeros. No es diferente porque diga: “Este es Rafa, el más chingón de la historia”, no. Es diferente porque no tiene los logotipos de los tres patrocinadores de la selección.

La noche después de aquel primer entrenamiento nos enteramos de que fue una decisión de la Federación Mexicana de Fútbol, ni siquiera de los patrocinadores. También sabemos, por ejemplo, que Rafa no podrá ir a Estados Unidos al próximo juego de preparación.

El mejor jugador de la historia del fútbol mexicano no merece ese trato de parte de la Femexfut, acostumbrada a maltratar a todos los jugadores.

¿Quieren mucho a Rafa? Qué tal que renuncian a los patrocinios. Para todos. No hacen que Rafa salga en las fotos como un lunar extraño. No lo señalen más aún, bastantes líos trae el número 4 en su vida para que ustedes lo hagan ver como bicho raro.

Porque seamos honestos, si va Rusia, cuánto va a jugar un hombre de casi 40 años, después de más de 20 de carrera.

¿Quieren homenajearlo? No viajen a Estados Unidos, donde el capitán no puede viajar.

¿Quieren honrarlo? Déjenlo en paz. No lo utilicen para vender más camisetas o más ilusiones que después, eso lo sabemos, se romperán.