Vez tras vez cuando se reúnen los líderes mundiales para discutir el problema del calentamiento global, se piensa que se han hecho avances, pero nada más lejos de la verdad, porque pretenden que se actúe en un sistema de honor con un mecanismo muy débil para penalizar a aquellos países que no cumplan sus promesas.

 La razón para tales incumplimientos radica en el hecho de que desde la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro en 1992 se estableció que “las medidas tomadas para combatir el cambio climático, incluyendo las medidas unilaterales, no deben constituir…una restricción disfrazada hacia el comercio internacional”. Es decir, las partes involucradas han dado prioridad al comercio internacional sobre cualquier medida que pueda implementarse y que afecte las transacciones internacionales.

Cualquier avance hecho sobre el desarrollo sustentable es deshecho cuando las políticas restrictivas para cuidar el medio ambiente afecten las transacciones comerciales. Dicho de otra manera, la prioridad es ganar dinero sin importar el medio ambiente.

Tratado tras tratado se negocian acuerdos que incrementarán la emisión de gases mientras que las soluciones para combatir la contaminación ambiental se dictaminan como ilegales. Y la solución a este grave problema mundial se vuelve más difícil porque cuando se negocian los tratados se omite todo procedimiento que deba seguirse respecto a los detalles sobre las medidas que deben tomar los países sobre la forma en que deben medir su emisión de gases.

Por ejemplo, toda la emisión de gases que representa la transportación de bienes en los contenedores que cruzan las fronteras no se atribuye a nadie, lo cual no es poca cosa si consideramos que el tráfico de contenedores cuando menos se ha cuadruplicado en las últimas décadas, y que el tráfico actual se puede triplicar para el año 2050.

Se vuelve difícil determinar qué país es responsable del grado de contaminación cuando las empresas de las naciones desarrolladas emigran a naciones subdesarrolladas en las que lo mismo explotan a la población local que contribuyen a la emisión de contaminantes. Un reporte de 2011 determinó que la contaminación en las naciones subdesarrolladas que fabricaban los bienes consumidos en las naciones desarrolladas superaba seis veces la cantidad de emisiones que se habían reducido en las naciones desarrolladas por haber trasladado sus fábricas a las naciones en proceso de desarrollo.