El islamismo, dicen los musulmanes, es una religión de paz. Sin embargo, aun sus apologistas tienen que pensar bien lo que dicen, porque quienes profesan tal religión a menudo amenazan con matar, y lo hacen. De alguna manera, el mundo se ha vuelto loco, o al menos una parte de él, porque resulta que hoy en día se puede hablar, –bien o mal– de cualquier religión, menos de una. Resulta paradójico que aquellos países que han dado cabida a los musulmanes sean en los que se juzga a los ciudadanos nativos del mismo, por mencionar cuestiones del islamismo. De manera errónea se ha pretendido catalogar el derecho a la libertad de expresión como plática de odio. Ciertamente no es así, y todo ciudadano debería tener el derecho de expresar su punto de vista sobre cualquier aspecto que le afecte, o con el que no esté de acuerdo. Sin embargo, países como Francia y Gran Bretaña tienden a oprimir, demandar o amenazar con cárcel –si antes no los matan los musulmanes– a aquellos de sus propios ciudadanos que se atreven a expresar sus puntos de vista sobre la invasión extranjera de islamismo que sufren sus países.

Habría que preguntarse en dónde está el crimen o el delito cuando muchos europeos dicen que se vive un clima de terror frente a los exponentes de una religión que promueve la violencia y el asesinato. Cierto, no todos los musulmanes practican el clima de violencia, pero las enseñanzas de su credo a través del Corán no pueden ignorarse cuando hay al menos 109 versículos en tal libro que incitan a la violencia. Difícilmente podrían interpretarse dichos versículos como una enseñanza espiritual cuando se incita a asesinar a los hipócritas, a los que tienen corazones enfermos, y a los que hablan contra el islam, entendiéndose por hipócritas los que no se unen a la violencia promovida por el islam, y por gente de corazón enfermo a los que no abrazan el islamismo. La violencia política del Corán había estado adormecida, pero dicha violencia ha sido desde siempre permanente y universal. Hoy nos toca vivir su resurgimiento. Por suerte, no todos quienes profesan el islam se adhieran a la teología de violencia que promueve el Corán, pero ello no niega el hecho de que la teología musulmana es la responsable del terrorismo islámico.