Año de 1850

Para mejor comprensión del histórico acontecimiento de la Fundación del Pueblo de Dolores, hoy Ciudad de Isla Mujeres, veamos primero algunos antecedentes sobre el panorama político, social y económico de México y Yucatán en el período de tiempo que va de 1821 a 1850.

Tenemos primero que referirnos a los mexicanos ya independientes y enfrascados en el ordenamiento de lo que se anhelaba fuera la vida institucional de la nueva nación. Recordemos que hacer las nuevas leyes, conciliar los intereses regionalistas y de los nuevos estados, poner orden y gobernar un país tan grande y tan heterogéneo en razas y culturas se complicó demasiado.

No olvidemos que en el ámbito del sureste mexicano, terminado el régimen español, Yucatán conservó su figura política de Intendencia, logrando su condición de Estado hasta 1824, y jurando su propia Constitución Política al año siguiente.

Es pertinente añadir, que el naciente estado yucateco comprendía una extensión de tierras que se estimaban en 199,000 kilómetros cuadrados, por lo que como el resto de la república, Yucatán tenía problemas para controlar tan vasta superficie debido a que la política de concentración de la población en grandes núcleos durante la colonia, había generado el surgimiento de cuatro ciudades, y alrededor de ellas cuatro regiones, enfrentadas entre sí en su afán de controlar el poder político.

La primera de esas cuatro regiones era la de Mérida, que sobresalía por ser el asiento del gobierno y principal centro comercial; la segunda era Campeche, dado que era el único puerto de altura en la península. La tercera era Tekax, llamada también la Región de la Sierra, con su abundante producción agrícola y su pujante industria azucarera; y la cuarta era Valladolid, sustentada en su floreciente producción e industria transformadora del algodón. Las disputas y enfrentamientos entre estas regiones eran constantes, por lo que luego de ser erigido estado, Yucatán vivió más de 60 años de asonadas.

A pesar de sus dificultades, hasta la cuarta década del siglo XIX, los yucatecos atravesaban por una época de bonanza económica sustentada en la explotación del blanco por el maya. En ese tiempo, la sociedad yucateca la integraban tres clases o castas, cuando menos. La primera de ellas era la clase alta, detentadora del poder, y la formaban los blancos o ladinos y los criollos. Debajo de ellos estaban los mestizos, personas de sangre blanca y maya, despreciados por ambas castas; y en lo más bajo de la escala aparecían los mayas, llamados también macehuales, acompañados de una minoría compuesta por otras castas, entre las que sobresalían los pardos: sangre negra y maya, y los mulatos: sangre blanca y negra.

Los mayas, soportaban las humillaciones a cambio de la relativa comodidad que les significaba “vivir” en la ciudad, aunque una inmensa mayoría vivía refugiada en las espesas selvas, entregados a sus antiguos ritos, y esperando el momento idóneo para desquitarse del ladino por los tres siglos de ofensas recibidas.

Como sabemos, el 30 de julio de 1847, en Tepich, Cecilio Chí encendió la hoguera de la guerra social, cuyas llamas cubrieron toda la península en pocos meses, resultando el gobierno yucateco incapaz de terminar con la rebelión, por la sencilla razón de que en esta ocasión los ingleses de Belice vieron la oportunidad de ampliar sus dominios, y suministrando a los mayas las armas y municiones necesarias, prolongaron el conflicto toda la segunda mitad del siglo XIX.

La Fundación de Dolores, Isla Mujeres

Escapando de la guerra, gente de paz de los dos bandos en pugna se dirigió a lugares como Isla Mujeres y Cozumel, provocando con su migración que en unos meses se perfilaran poblaciones donde, hasta 1847, no existían. Para confirmar lo anterior, baste el testimonio de John L. Stephens, ilustre viajero estadounidense -considerado Padre de la Arqueología Maya- quien en 1842 visitó la isla y registró que sólo había en el lugar dos chozas y una enramada, tres pescadores y dos "indezuelos”.

Entonces, tuvo que ser la guerra social la que desencadenó esa peregrinación de gente hacia las islas y otros lugares. Los fugitivos se movieron en los escasos barcos que hacían ruta de Campeche a Belice; los que pescaban estacionalmente en estas latitudes vinieron en sus pequeñas canoas y bongos, otros vinieron a pie por la costa, y construyendo frágiles embarcaciones cruzaron de Punta Sam a la ínsula.

Por su escasa geografía, Isla Mujeres fue en los primeros dos años de la Guerra de Castas un lugar de paso para quienes tenían como destino Cozumel y otros puntos más al sur, y quienes fijaron su residencia aquí, luego de insistentes peticiones al Gobierno de Yucatán, a su Congreso, y a la misma iglesia católica, lograron que el 17 de Agosto de 1850 se decretara la fundación del Pueblo de Dolores, en Isla Mujeres.

Integrado con estrictos ordenamientos, el decreto estableció que nadie podría salir del lugar sin permiso de la autoridad, ni ausentarse por más de seis meses, so pena de perder sus derechos sobre su predio, cuya posesión definitiva la obtendrían hasta los seis años de residencia.

El Decreto dispuso que la autoridad municipal, activara a los pobladores para que trazaran sus calles, construyeran un Cuartel, una Casa Pública, una escuela, una iglesia, en fin, resolvieran ellos mismos sus problemas. Y porque muchos preguntan quienes fueron aquellos tenaces fundadores, diré que entre ellos encontramos los siguientes nombres y apellidos:

Bartolomé Magaña, Pedro Povedano, Joaquín Avila, Pedro Pablo Basto, José Castilla, Tiburcia Castro, Rafael Alcalá, Néstor Díaz, Rosario Encalada, Francisco Fernández, Pedro Luna, Quirico Martín, Crescencia Nájera, Carlota Novelo, Juan Osorio, Timoteo Paz Desiderio Pérez, Guadalupe Rodríguez, Facundo Rosado, José María Sabatini, Víctor Sánchez, Arcadio Sabido, Agustín Tejero, Romualdo Velázquez, Claudio Xooc, Felipe Zetina, Juan Coral, Faustina Chalé, Secundina Franco, José García, Silveria Garrido, Buenaventura Martínez, Tomás Gómez, Isidra Canto, Atilano Trejo, Leocadio Alvarez, Saturnino Arguelles, Deciderio Pérez, Raymundo Pastrana, Agustín Tejero, Martín Ancona, Mariana Celis, Tomasa Pantoja, Ramón Carballo, y muchos más, pues para 1865 ya llegaban a cinco los centenares de isleños.

Respecto al nombre que el gobierno yucateco impuso al nuevo poblado, debe atribuirse al deseo que existía en Yucatán por congraciarse con el poder central. Dolores, fue el lugar donde el Cura Miguel Hidalgo dio el grito de libertad.

Conclusión

No fueron fáciles los primeros años para la naciente población de Isla Mujeres, incomunicada, en un medio inhóspito, sin servicios básicos, amenazados por la guerra y olvidados de la mano del gobierno.

Entre las pocas alegrías que tenían estaba la eventual llegada de barcos de Cuba, pues traían algunas mercancías, medicinas, noticias del exterior, y hasta nuevas artes de pesca. Lo cierto y aun palpable es, que con su peculiar manera de ver la vida, el cubano influyó profundamente en la cultura de Isla Mujeres.

Concluyo Reflexionando en que hoy nos queda gente mayor que vivió años difíciles…mas no tan crueles como los que les tocaron a los fundadores, porque fueron años de incertidumbre, y de abandono que terminaron a partir de 1960, cuando el gobierno federal volvió los ojos a este rincón del Caribe Mexicano.